Jornada para blogueros de viaje y gastronomía en BioCultura Sevilla #CeresEcoturIY2017 #IY2017

El 2017 ha sido declarado como Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Una declaratoria que pretende aspirar a sensibilizar a los responsables de tomar decisiones en materia turística, así como al público en general, de la contribución del turismo sostenible al desarrollo. Todo ello movilizando, a su vez, a todos los grupos de interés para que trabajen juntos para hacer del turismo un catalizador de cambio  positivo.

Para ello, el #IY2017 hará hincapié en el papel del turismo en los cinco ámbitos clave siguientes:

  1. Crecimiento económico inclusivo y sostenible.
  2. Inclusión social, empleo y reducción de la pobreza.
  3. Uso eficiente de los recursos, protección ambiental y cambio climático.
  4. Valores culturales, diversidad y patrimonio.
  5. Comprensión mutua, paz y seguridad.

Con el objetivo de promover los valores asociados al Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, desde la Fundación Ecoagroturismo hemos alcanzado un acuerdo de colaboración con la asociación Vida Sana, para desarrollar una acción de promoción y sensibilización en el marco de las diferentes ediciones de la feria BioCultura a lo largo de 2017. La actuación estará dirigida a bloggers de viaje y/o gastronomía nacionales, seleccionados en base a su potencial impacto cuantitativo (número de seguidores en redes sociales y tráfico de visitas en los blogs), pero sobre todo cualitativo, priorizando una especial sensibilidad hacia la ecología y la sostenibilidad como modo de vida, aplicable al viaje como filosofía.

La acción, que tendrá un seguimiento en redes sociales a través del hashtag #CeresEcoturIY2017, se centrará en los valores de la eco-gastronomía, como elemento fundamental en cualquier modelo de turismo sostenible y del ámbito de actuación del proyecto Ceres Ecotur, así como de la filosofía de la feria BioCultura. El enfoque del proyecto tendrá una connotación sensorial y estará centrado en la puesta en valor de producto local, producido estacionalmente según temporada del año. El binomio tradición vs. innovación se conjugará en torno a variedades agrícola-ganaderas autóctonas, productos ecológicos y/o procedentes de pesca sostenible, bajo el paraguas de la filosofía slow food.

turismo sostenible

El pistoletazo de salida tendrá lugar en la edición de Sevilla de BioCultura, que tendrá lugar entre el 10 y el 12 de marzo en el Palacio de Congresos de Sevilla (FIBES), entre el 10 y el 12 de marzo. Para ello, el domingo 12, se ha preparado una programación especial para bloggers de viaje y gastronomía, que se detalla a continuación:

  • 12h. ¿Cómo promover el turismo sostenible en tu blog? Consejos, enfoques, modelos de referencia. Debate y reflexiones participativas en torno al Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo #IY2017.

Imparte: Javier Tejera (Ecotouristing / Fundación Ecoagroturismo). Bloguero, periodista y turismólogo. Especialista en Planificación estratégica de destinos y en Comunicación / Marketing del Turismo Sostenible y Responsable 

  • 14h30. Showcooking de ecogastronomía dirigido a bloggers de viaje/gastronomía. La acción se centrará en poner en valor los atributos ligados al proyecto Ceres Ecotur, a partir de la ecogastronomía, como fórmula para sentir y descubrir paisajes naturales y culturales de gran riqueza, a valores etnográficos por los que el tiempo no pasa y a la diversidad social del medio rural. Demostraciones prácticas y catas maridadas de productos, que serán proveídos por miembros asociados a la red Ceres Ecotur.

Imparte: Lores Aceva. Cocinera experta en tecnología culinaria por la Escuela de Hostelería de Sevilla. Forma parte del equipo de la Herboteca Sevilla, miembro asociado de la Fundación Ecoagroturismo.

 

Ni rural ni sostenible. 2017: Año Internacional del Turismo Integral

2017 es el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo. ¿Qué importancia tiene? Decisiva. Quienes no estén familiarizados con el tema deben saber que el turismo insostenible no sólo altera un lugar al convertirlo en producto, sino nuestra capacidad para apreciar la realidad (tal cual es y como patrimonio). También altera nuestra forma de viajar, al convertirnos en consumidores, reduciendo el mundo a un paquete de destinos y servicios, y sus distancias (y ecosistemas) a un simple escollo. Viajar debería ser una vía de experiencia y conocimiento, pero ha entrado en una dinámica cuya máxima parece ser (como la cultura del entretenimiento), alejarnos de la realidad, conducirnos a lugares de diseño o ensueño que no existen. Pero ni en el propio destino, si rascas un poco, ni en el lugar donde vives, cuando dices “volver a la realidad”.

turismo sostenible

¿En qué consiste pues el turismo? ¿En evasión, distracción? ¿A qué coste? ¿Conocemos realmente el precio de esa ignorancia, de esa frivolidad? Obviamente el turismo es lúdico por definición, no se trata de ir por el mundo como agentes sociales, pero el ocio no es incompatible con la realidad, ni debe serlo a menos que la realidad del destino, aunque trágica, sea lo de menos mientras puedas tumbarte al sol o ver la tele. Si viajas para huir de la realidad, no critiques el mundo. O viaja con responsabilidad, exigiendo el mismo compromiso a tus hoteles y destinos. El turismo es una de las principales formas de activismo y transformación que como ciudadanos podemos ejercer.

Viajar no siempre ha sido así ni tiene por qué serlo. En el pasado se viajaba sin despegar los pies del suelo o la realidad, lo que era más incómodo, lento y peligroso. Hoy hemos pasado de forma drástica a vivir y viajar en una nube, de seguridad, confort y velocidad. La “aldea global” que acuñó McLuhan hace más de 5o años tiene aquí un sentido especial. Si el mundo es una aldea global (vecindario virtual sin distancias), corremos el riesgo de simplificar nuestra mirada y al propio planeta, o por el contrario, amplificar nuestra mirada, admirar la grandeza real y patrimonial del planeta y protegerla tendiendo puentes de forma coordinada y responsable: puentes entre legislaciones, transportes, servicios y touroperadores. Esos puentes ya se tienden a escala local mediante el asociacionismo, pero necesitan el apoyo gubernamental y social. Porque el turismo pide un cambio, pero se debate como el resto del mundo entre extremos. Entre lo global y lo local, entre la tradición y el progreso, la conservación de la naturaleza y la industrialización, el negocio y el interés general. Si como decían los clásicos, la virtud está en el equilibrio, el turismo sostenible ha llegado para materializar por fin ese equilibrio o puente entre extremos. Porque fomenta un turismo integral, moral y real (el que nos acerca a la realidad), al conciliar esos extremos:

  • Lo local con lo global: contribuir al medioambiente global desde la acción local.
  • El pasado con el futuro: sin despreciar la tradición, se enraíza en parte de sus valores para actualizarlos, modernizarlos y edificar con ellos el progreso (energías renovables, eficiencia energética…).
  • El negocio con el altruismo: busca la rentabilidad teniendo por límite el respeto medioambiental y social, como quien sabe que su libertad no existe sin aparejar deberes con los demás, principio liberal que el liberalismo económico ha olvidado muchas veces, instalado más en la ley del más fuerte, pero que la RSC (versión empresarial del progreso sostenible) quiere enmendar.
  • El mayor reto me parece conjugar la conservación de las culturas locales con su aperturismo a una cultura universal (no global), de mentalidad progresista, basada en valores universales, adaptando sus costumbres, creencias o religiones a la ética y la ciencia actual, sin dejar que por ello la técnica arrase su forma de vida.

turismo sostenible

Este Año Internacional del Turismo Sostenible debería servir para inculcar en la sociedad y grabar a fuego una idea: el turismo sostenible no es un tipo de turismo, es el único. El único viable, y para ello convendría quitarle el apellido y visibilizar que el que merece etiqueta es el turismo insostenible. El turismo sostenible no es turismo verde o solidario, es turismo total, integral, porque es el único que respeta y preserva la realidad como un patrimonio (no como un producto) a todos los niveles.

Una buena forma de mostrarlo es medir la calidad de un destino o alojamiento por su grado de transversalidad o integración (local/global, tradición/progreso) y respeto a la realidad a cualquier escala patrimonial. Esas escalas son universales, cualquier destino puede visibilizarlas desde su singularidad local, a partir de productos turísticos afines que todos conocemos, aunque tendamos a ignorarlos o parcelarlos:

Astroturismo

Poder observar o entender un poco mejor el universo del que dependemos, a golpe de prismáticos, telescopio o a simple vista. Si hace falta, con mitología local, para darle gracia. El cielo estrellado es nuestro patrimonio natural más sagrado y antiguo. Un cielo que sostiene a nuestro suelo: la Tierra. La Ciencia no deja de avanzar cada día en la exploración del Cosmos, aprendamos de ella.

Geoturismo

El suelo que pisamos apareció antes que la vida o que cualquier cultura. Se le debe el privilegio de quererlo y conocerlo antes que a lo demás, por la historia que deposita y por sostener y explicar el paisaje que respiramos y admiramos, o a la cultura que vive en él. Por muy árida que parezca la geología, con gotas de imaginación florece. Vernadsky decía que la vida es una fuerza geológica.

Ecoturismo

Es la eclosión del turismo de naturaleza, y por ello también a veces una amalgama confusa. El ecoturismo integra al astroturismo y geoturismo, pero puede asociarse más a los ecosistemas y a la vida. La biodiversidad sigue siendo la vanguardia experimental y evolutiva del universo, no un vestigio del pasado. Somos nosotros los que nos aislamos en vez de cohabitar adaptando nuestro progreso a ella: turismo ornitológico, turismo meteorológico (conocer los vientos, la lluvia, el clima que da carácter y personalidad al paisaje), turismo botánico, turismo de salud o turismo activo (experiencias y aventura en la naturaleza). También el turismo rural y agroturismo (más vinculados al desarrollo humano y su cultura agraria), pero arraigados a la naturaleza.

Turismo social y cultural

Ya sea en su dimensión comprometida (voluntariado, accesibilidad y acción sobre la realidad social del destino) o lúdica: turismo industrial, etnográfico, gastronómico o artístico. Esta dimensión debería referirse a cualquier faceta humana con impacto sobre el territorio o el paisaje, respetando y dando a conocer el modo de vida local, siempre que este respete los niveles anteriores y se integre en su visión de conjunto.

Si concebimos el turismo sostenible de forma integral, como experiencia holística de la realidad, este modelo es homologable a cualquier destino/paisaje del mundo, preservando su patrimonio por escalas: atmósfera, geosfera, biosfera, antroposfera, noosfera (esfera cultural). Aunque este enfoque parezca apuntar solo a áreas rurales, el turismo sostenible no puede desvincularse de las ciudades y núcleos costeros, donde esta visión integral del paisaje salta por los aires y es más necesaria, porque también cada ciudad está definida por su patrimonio geológico o climático, por mucho que lo contamine o ignore. Sería un modelo aplicable a hoteles urbanos, que contribuyan en la medida de lo posible a hacer visible su paisaje integral, el patrimonio que define su destino singular y único.

Turismo rural: la arruga es bella

La película La Gran Belleza de Paolo Sorrentino empieza con la confesión de su protagonista: “cuando era niño, a esa pregunta tan infantil de qué es lo más te gusta de la vida, yo siempre respondía: el olor de las casas de los viejos”. Y añade como conclusión: “Estaba destinado a la sensibilidad”. El turismo rural nació también evocando el olor de las casas de los viejos. De nuestros abuelos, y destinado a la sensibilidad. Pero en cierto momento, como en la vida del protagonista de La Gran Belleza, la sensibilidad se truncó ahogada en una espiral mundana de spas, lujo y apariencia eco…

Desde entonces, prolifera un tipo de turismo rural que no tiene de rural más que el nombre, porque aunque se ubique en el campo lo utiliza de excusa para un modelo turístico insostenible basado en el hedonismo de siempre, más que en la conciencia ambiental. Un turismo artificial y aparente basado en el desdén por lo anterior. No todo el turismo rural entró en eso, pero el concepto se vició, reemplazando el espíritu de las casas de nuestros abuelos y su familiaridad con la naturaleza, por ese hedonismo del turismo convencional, que toma la naturaleza por un producto de consumo más.

turismo rural

¿Qué valor tenía el concepto original? Lo rural era un depósito vital y humano de experiencias en un mundo distinto al actual, otra forma de vivir, muchas veces dura, pero también preciosa, ligada a la naturaleza. El turismo rural era un viaje emocional. Por eso, el turismo rural es turismo moral o no lo es. ¿Quién valora ya las arrugas? ¿Quién se preocupa del pasado o los ancianos? ¿De sus vidas? Sentir admiración por ellos está en descrédito para una sociedad siempre retocada. La memoria de los ancianos remitía a su juventud, a nosotros mismos en otras circunstancias, que su casa y paisaje natural siguen permitiéndonos experimentar.

El valor original del turismo rural era lo añejo, palabra que dice tanto en tan poco: la calidad que dan los años, el valor que da el paso del tiempo, el poso de la experiencia. Un valor depreciado en la era de la inmediatez pero que veneraban las civilizaciones antiguas y consagra la naturaleza cíclica. Lo añejo es eso, la voz quebrada de los ancianos como la corteza de los árboles, narrando historias de juventud, como un espejo de experiencia para las nuevas generaciones, donde verse retratados en un ciclo vital que se regenera, en vez de asfaltarse y olvidarse para siempre.

Turismo rural y revolución verde en esta Navidad

¿Por qué la Navidad, que tanto invoca la autenticidad y los grandes valores, se ha convertido en la época más artificial y consumista del año? ¿Será que con eso de envolver de magia a los niños nos empaquetan a todos? ¿O que de tanto fingir ante ellos hemos asumido la hipocresía como el valor más consustancial a la navidad? Cuando la tradición y la religión se venden al merchandising ¿qué queda de ellas? Lo irónico es que ya sea desde convicciones religiosas o laicas, hace falta muy poco para hacer de la navidad un recuerdo mágico e inolvidable de verdad, sin recurrir al cartón piedra y los efectos especiales con que la publicidad la adorna. Si la magia navideña está en su exaltación de valores, sorpresas y belleza, esto sobra sin trampa ni cartón en la naturaleza.

Si tenemos valores sociales o ambientales que inculcar a nuestros hijos, aprovechemos la navidad para hibernar y desconectar de todo lo que se lucra, despilfarra o comercia con ella, recuperando la modestia que caracteriza a la naturaleza en la estación fría del año, para fomentar una conciencia o perspectiva real y justa del mundo. El invierno implica refugio, adaptarse a la escasez de recursos y aprovechar el aprovisionamiento hecho durante el tiempo de bonanza. Lo opuesto a lo que hacemos: multiplicar compras y gastos. La época materialista por excelencia puede convertirse en la del apagón y la revolución verde, la del ahorro energético y la magia real, la natural. Basta un ligero cambio de rubo: hacia regalos biodegradables o un entorno sostenible y con encanto como una casa rural.

¿Qué mejor regalo que despertar en un lugar donde el paisaje huele a invierno? ¿Desde la leña en el fuego al aire frío de montaña? Donde desde el bosque a la fauna silvestre y desde la fantasía a las leyendas del lugar llenan de misterio y encanto real cada experiencia del turismo rural? Existen rutas navideñas para sumergir al viajero en episodios de cuento. Donde alejarse del tópico y el derroche comercial para tomar las uvas (con tele o sin ella) desde un lugar aislado en la auténtica navidad. Donde celebrar cenas íntimas con cocina casera y experiencias ecoagroturísticas irrepetibles, donde los árboles están vivos y no son de plástico, la nieve es agua helada y no porexpán, y la blanca navidad del villancico es real.

turismo rural en Navidad

Convirtamos la navidad sintética en orgánica. Regalando vida y llevando al corazón urbanita de nuestras casas un kit de cultivo o pequeñas bombas de semillas para sanear la rutina. Iniciativas como Ecoquchu, con regalos ecológicos de diseño artesano, se proponen reverdecer así la vida urbana. Hay modestos proyectos de gran corazón que contribuyen al progreso sostenible y el florecimiento del planeta en dirección opuesta al materialismo que tanto derrocha estos días. Proyectos sociales y ambientales que luchan por un mundo mejor y debieran ser los verdaderos Reyes Magos en los que creer, porque existen de verdad. Aunque las luces y el porexpán nos venden los ojos.

La apuesta por un turismo rural sostenible llega a Portugal con el proyecto Ceres Ecotur

La Fundación Ecoagroturismo y la organización ecologista Quercus (Asociación Nacional de Conservación de la Naturaleza), de ámbito nacional en Portugal, han llegado a un acuerdo de colaboración para la implantación del sistema de calidad Ceres Ecotur progresivamente en el país luso. La presentación oficial del acuerdo y del proyecto tendrá lugar el próximo 30 de noviembre, a partir de las 9:30 de la mañana, en el Auditorio del municipio de Boticas, en el distrito de Vila Real, al norte del país.

El acto, que contará con la presencia de Severino García, presidente de la Fundación Ecoagoturismo, estará respaldado por representantes políticos y de entidades privadas de ámbito local, regional y nacional. Entre ellos, destaca la secretaria de Estado de Turismo, Ana Mendes Godhino, junto con el presidente de la Federación Nacional de Turismo Rural de Portugal, Cándido Mendes.

turismo rural sostenible

El trasfondo del acuerdo suscrito entre Quercus y la Fundación Ecoagroturismo es promover estándares de calidad turística y sostenibilidad medioambiental y sociocultural en el medio rural portugués. Para ello, se va a trabajar en un sistema de gestión, con una transferencia de conocimiento y de referencias en buenas prácticas en la materia, tras años de andadura del proyecto Ceres Ecotur en España.

El objetivo no es otro que trabajar por la implantación de un modelo de turismo sostenible con valor añadido para el medio rural, en un momento en el que hay un fuerte crecimiento del sector en Portugal. Frente a eso, está la necesidad palpable de minimizar sus impactos, a la vez que se procura que los beneficios repercutan directamente en los territorios de acogida.

En palabras de João Branco, presidente de Quercus, “la implantación de un sello y un modelo de gestión como el que representa Ceres Ecotur contiene implícito un componente filosófico e ideológico, con el argumento de que el turismo debe estar vinculado a las necesidades de la población y a la agricultura local.”. Por su parte, para Severino García, presidente de la Fundación Ecoagroturismo, “el acuerdo es un reconocimiento al trabajo realizado en España y a la puesta en valor de iniciativas que destacan por su compromiso con una sostenibilidad integral, además de una oportunidad de estrechar y fortalecer vínculos con el país vecino, para generar sinergias entre emprendedores y proyectos afines.”

El proyecto, que trabaja sobre la adaptación a la realidad portuguesa de los sistemas de calidad de Ceres Ecotur, bajo el paraguas de la red ECEAT (European Centre for Ecological and Agricultural Tourism), de la que la Fundación Ecoagroturismo es representante, se implantará en varias fases. La primera se centrará en incorporar alojamientos, empresas de actividades e iniciativas ecogastronómicas de los municipios de Boticas, Arcos de Valdevez y Idanha-a-Nova, en el norte de Portugal, con el acompañamiento de Quercus y la Federación de Turismo Rural de Portugal, bajo la supervisión de la Fundación Ecoagroturismo.

A modo de piloto, se generará una red de asociados bajo el sello de calidad, cumpliendo estándares de sostenibilidad ambiental y responsabilidad sociocultural,  que tendrán que superar un proceso de evaluación y seguimiento. En fases sucesivas durante 2017, coincidiendo con la declaración por parte de la ONU del Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, se irá implantando progresivamente en otros territorios portugueses.

A medio plazo se pretende generar conciencia en torno al crecimiento turístico que está experimentando el país luso, garantizando la aplicación de mecanismos para promover, sensibilizar y orientar a diferentes actores turísticos bajo criterios de sostenibilidad. Todo ello con la meta de generar un modelo de turismo rural sostenible. Un marco de trabajo que genere oportunidades socioeconómicas para los habitantes de los entornos rurales y naturales del país, a la vez que se conservan sus principales recursos con valor medioambiental, cultural y etnográfico.

Turismo rural sostenible en Portugal

Turismo rural: la belleza está en el interior

Vivimos en una sociedad artificial sometida al dictado de la imagen, que copa cada vez más espacios, desde la televisión a las redes sociales, y estiliza a través de las pantallas el reflejo en que debemos mirarnos. Las personas se cotizan por imitación en un nuevo elitismo equiparable al de las clases sociales que creíamos superadas. Antes de llegar los móviles e Internet ya vivíamos en una sociedad consumista y de masas, pero ahora, además, todos la amplificamos como postes repetidores. Cada persona tiene un espejito mágico como el de la madrastra del cuento, desde donde puede tunearse la cara con herramientas de retoque fotográfico para parecer más guapa sin necesidad de preguntárselo, monitorizando a distancia su reputación online y su vida, pero además, reproduciendo patrones de pensamiento masivo, de forma viral, adictiva (a golpe de clic) y acrítica. La crítica, tan devaluada y tildada a la mínima de reaccionaria, es una defensa endeble ante el rodillo gigante de esa cultura monolítica. La publicidad ha contribuido queriendo seducir siempre desde la lógica de la vanidad, el exhibicionismo o la competitividad: la ley del más fuerte, el más guapo, el más visible… Por eso aparentar hoy lo es todo, tanto como en los tiempos de la hipocresía decimonónica: con el cuerpo, los hábitos sociales o la moral.

turismo rural

Ante una sociedad ansiosa por aparentar juventud o innovación constante, artificial y operada, la naturaleza, que es cíclica, da siempre una lección providencial en otoño, cuando los bosques caducan, o con cada puesta de sol, cuando el cielo se desploma con el peso de la noche, que llega igual para todos, con la contundencia de una realidad inexorable y cíclica. Esa decadencia es un triunfo de la naturaleza, que pone toda la parafernalia material y el ego ante su verdadero reflejo. En ese sentido, desde la modestia y la humildad, el turismo sostenible respeta los ciclos de forma inversamente proporcional al turismo convencional.

Hay una España  que recuerda a veces a esos personajes de la tele que esconden su edad tras el botox como el polvo bajo la alfombra, inflando sus rostros neumáticos por vanidad o complejo de vieja gloria: la heredera del Spain is different, que acomplejada de agrarismo, amortizó su fama a costa del Sol y playa y el folclore, asociando su reputación a eso, tópicos y marketing. El lavado de cara con que escondió las arrugas de su atraso histórico se cebó en la costa, sometiendo a operación estética su silueta litoral en una política rendida a la especulación. Como si fuera silicona, inyectó a sus playas cemento y ladrillo para estirarse la piel en un lifting turístico, que clamando Sol y playa prostituyó su costa. Los hijos del ladrillo son la ironía de esa conversión fraudulenta, de la España cañí a la España cani.

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¿Qué pasó con el interior? ¿Con la riqueza de una península de singularidad geográfica donde confluían climas, paisajes y culturas diversas? ¿Con tesoros patrimoniales y rurales como sus Denominaciones de Origen? Los escondió tras el tópico y sólo ahora poco a poco se modernizan y salen a flote, defendiendo su autenticidad y un turismo diferente. Iberia es un mosaico, pero todavía desordenado. Y hay diferencia entre hacerse valorar por el Sol o por méritos propios, por articular un modelo civil y turístico integrado. En un contexto global abocado a la sostenibilidad, España, como potencia turística, tiene la oportunidad de ser una vanguardia del turismo responsable y eficiente. El turismo rural ecológico o ecoagroturismo, que distingue a la red Ceres Ecotur, protege la diversidad desde la integridad, evocando la dignidad de sus arrugas, de un esfuerzo nunca recompensado ni vendido, pero inscrito en el territorio con mayor biodiversidad del continente.

Astroturismo rural: un faro a las estrellas

Hace poco visité el Observatorio astronómico de Forcarei, en los montes de Galicia. Cuando me acerqué ya se estaba haciendo de noche y vi su sombra recortada contra el cielo, en lo alto de una montaña. Su situación solitaria, en permanente observación del cielo nocturno, me hizo pensar en un faro. Como si su telescopio fuese un foco que en vez del mar barriese el universo. Aquella antítesis entre el terruño y el espacio, entre el paisaje ancestral y la tecnología puntera, hacía convivir al pasado y el futuro. Y me recordó al primer faro que conocí, en la isla de Ons, también una noche, y en lo alto de un monte, con una cúpula y un interior hogareño, que conducía por una escalera de caracol al corazón de su ingenio, en lo alto de la torre: la linterna. Este faro era más chato, blanco como un iglú, y de última generación, pero tenía también un interior hogareño. Cuando entré en él se oía música de piano, sus paredes eran de madera y estaban adornadas por láminas de planetas y galaxias, una estantería videoteca repleta de películas de divulgación (Cosmos, Universo), varios telescopios y algunos ordenadores. Por una corta escalera de caracol se llegaba también al corazón de su ingenio, una cúpula capaz de rotar, y por cuya abertura un gran telescopio apuntaba al cielo cuajado de estrellas. Aquella atmósfera aislada pero acogedora, entre futurista por la tecnología, rústica por la madera, clásica por la música, y desolada por el paisaje exterior, más allá de las épocas, me gustó. Abría lo rural a una nueva dimensión, a un puente con el universo y la Ciencia. Y esto, que puede no interesar a mucha gente, me pareció un lujo. Un lujo de esos sitios donde las estrellas aún no se han extinguido.

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El Observatorio de Forcarei abrió sus puertas en 2009, y desde entonces ha atraído a miles de turistas, que se hospedan o cenan en el pueblo, frente a una iglesia, antes de subir al monte. De pronto, una afición tan moderna como el astroturismo pone en el mapa un pueblo antes desconocido. Estando allí arriba, mirando por el telescopio, nace (o se recupera) la afición a la astronomía. Siempre me pregunté qué era lo que hacía especial el momento en que acercas tu ojo al ocular y te quedas a solas con los anillos de Saturno, los cráteres de la luna o las lunas de Júpiter. Cuando posas tu ojo sobre el visor y la lente acota tu campo visual, estás posando tu vista sobre el universo, sobre una región del universo a la que te acercas 75 o 100 veces: súbitamente estás a miles o millones de kilómetros de tus pies, que siguen fijos en la Tierra. Tu vista está viajando más lejos de la Tierra de lo que nunca viajará tu cuerpo, viendo un planeta, en directo, como lo harías desde un remoto punto del espacio. Esa cercanía e intimidad con las estrellas es la magia de la astronomía. Y una casa rural no necesita tanto para experimentar ese “salto” o ese vértigo. Bastan unos buenos prismáticos, un soporte o trípode donde apoyarlos, una guía del cielo, y una iluminación exterior amortiguada por protectores caseros, para no contaminar el cielo… Cada casa rural puede explorar y explotar este recurso natural inagotable al que muchos viajeros se sienten cada vez más atraídos. En las estrellas se inscribe la historia y el porvenir de la humanidad, guiaron a navegantes como Ulises o Colón, y guardan los grandes misterios de la existencia. El astroturismo es un recurso que da a las casas una imagen más completa e interesante, más conectada con el conocimiento científico y la naturaleza total, entendida como un cosmos.

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El birding como reclamo ecoturístico

Uno de los grandes recursos olvidados del turismo rural lo tenemos encima… En el cielo. No sólo el astroturismo está consagrando al rural como mejor observatorio del universo, sino la ornitología, áspera palabra que los ingleses sustituyen con más modestia y acierto por “birding” (pajareo). Acierto porque como explica Antonio Sandoval, divulgador y ornitólogo, contemplar los pájaros tiene tanto de arte,  juego y belleza, como de ciencia, pese a que aquí nos refiramos a ello de forma técnica y friki. En su libro ¿Para qué sirven las aves? recuerda que como tantos otros atractivos naturales, en el canto de los pájaros se han inspirado grandes artistas y compositores. Las casas rurales, cuya etiqueta “rurales” parece acogotarlas siempre al agrarismo, debieran promocionarse como casas neorrurales o de naturaleza, integrales, es decir, levantando su mirada y su oferta a todo el medio natural, incluido el cielo, escenario de los fenómenos de los que depende su paisaje y reino de los pájaros o las estrellas. Estrellas extinguidas en la ciudad pero abundantes en el campo, al que convierten en la mejor fuente de información astrofísica y tribuna universitaria al cosmos.

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El valor turístico del birding está en que además de diversificar y desestacionalizar la oferta, seduce a los turistas europeos, cotizados por su alto nivel cultural, ecológico y económico. Son viajeros casi siempre bien equipados y dispuestos a pernoctar varios días. Los destinos más favorecidos o desarrollados para la observación ornitológica en España son Doñana y el Estrecho de Gibraltar, Extremadura, Pirineos… Las costas atlántica y cantábrica también constituyen un buen mirador para los viajeros, por su posición estratégica en medio de rutas migratorias. Una de las prácticas más ejemplares que se han llevado a cabo en nuestro país para aprovechar este recurso desde una asociación sin ánimo de lucro, sin apenas medios, es Urdaibai, en Bizkaia. Supo poner en valor y reciclar una antigua fábrica abandonada (y el ecosistema que la rodeaba), reconvirtiéndola en uno de los centros de observación de aves nacionales más dinámico e innovador.

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Es necesario concienciarse del valor que el birding tiene más allá de nuestras fronteras. Basta saber que se organizan grandes competiciones a lo largo de países enteros con el fin de identificar el mayor número de especies, como retrata la comedia El gran año. ¿Qué las hace tan atractivas? Su pintoresca variedad: su forma de volar y cantar, su silueta, sus colores, el anidamiento, la cría… Las aves pueden ser la mejor puerta para entender la singularidad del ecosistema que rodea a una casa rural, así como los ciclos naturales en que vive inmersa. En su vuelo, las aves crean como las abejas un hilo que entreteje los distintos elementos del paisaje. Pese a que nuestra época ha anestesiado nuestra capacidad para apreciarlo, la aves son criaturas fascinantes: seres que sostienen su propio peso en el aire, con la mezcla de formas y colores más increíble que puediera diseñar un artista, y capaces de viajar inmensas distancias o atravesar espectaculares paisajes dignos de envidiar.

La historia oculta del paisaje

El paleontólogo Juan Luis Arsuaga ha dicho varias veces algo fascinante: “Cuando alguien me pregunta cómo era la Prehistoria, siempre digo lo mismo: vete a un monte o a un bosque. Eso es la prehistoria. No verás bisontes, pero quizá veas un corzo u otros animales salvajes. Hay rocas, hay ríos, etc. Vive en ese medio. Eso es la prehistoria. De hecho, has vuelto a la prehistoria”. El único laboratorio donde los viajes en el tiempo son posibles es la naturaleza. Porque, más allá de las épocas, siempre es la misma, y lo único que cambia es nuestra forma de verla o interpretarla. Basta con volver a vivirla bajo la perspectiva y condiciones de otras épocas para que estas vuelvan a realizarse y sintamos lo que sentían, porque la naturaleza despertará igual en nosotros, que también somos los mismos. Renunciando, por ejemplo, a los avances del último siglo, como la electricidad. Entonces, como por arte de magia, el planeta vuelve a ser tan grande y misterioso como hace miles de años. Las montañas están donde estaban y los lugares que ocupamos, para los que no ha pasado el tiempo, son los mismos que ocuparon los primeros pobladores. Por eso el progreso no está escrito.

Ese poder de la naturaleza, que vive en contemporaneidad a todas las épocas, no es fácil de apreciar, pues vemos su paisaje como la fachada o punta del iceberg que es. Y aún peor las nuevas generaciones, que ven en ella un paisaje tan desechable como el mundo material que las rodea. No la miran como una catedral porque no perciben su valor patrimonial, labrado a lo largo de miles de años. Nadie les ha enseñado que la naturaleza está bebiendo del universo hasta que se tapia o mutila irreversiblemente. O que es un error asociarla al pasado, ya que a diferencia de nuestro mundo sintético o del espacio exterior, es en ella donde el universo evoluciona y prospera en directo como en ningún lugar, estrenándose en cada nueva vida. La “pureza” natural no es un legado virgen de las raíces o del origen, sino la frescura de esa constante actualización.

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El ecoturismo y el turismo rural pueden presumir de ser un puente entre el pasado y el presente, entre lo mejor del progreso y de la naturaleza, experimentando de camino las distintas formas de estar en el mundo que el hombre ha conocido, meta de los intérpretes de naturaleza. El pasado en el presente es posible leyendo entre líneas las distintas experiencias que ha despertado un paisaje y puede despertar, desplegando todas sus posibilidades y riqueza singular. Por ejemplo, uno de nuestros asociados, La Mallada, describe su paisaje desde la mirada medieval de los reyes de León, que recoge Pascual Mádoz en 1849: “Está situado en un estribo de los montes Aquilianos, formando una especie de anfiteatro rodeado de colinas desde el cual se domina toda la amena llanura de El Bierzo (…). Los reyes de León lo habían elegido para morada de recreo en los meses de estío por su frescura, bello paisaje y sus hermosas vistas”.

Turismo rural con sabor a mar y certificado ecológico

España no ha sabido explotar su imagen como imperio de ultramar y potencia naval, pues sometió su patrimonio marinero y su costa a tal operación estética que no la reconocería ni Cristóbal Colón. Pero las zonas de costa que se libraron de la especulación aún atesoran esa impronta de milenaria esencia marinera, y permiten el disfrute atemporal de un paisaje intacto que seguiría siendo familiar a las viejas cartas náuticas o a los navegantes de la Antigüedad.

A continuación, una lista de 12 casas de turismo rural que conjugan la riqueza rural y marina… No solo en el paisaje, sino en la gastronomía. Algunas recuerdan a la británica posada del Almirante Benbow, sobre los acantilados y la cala del clásico La isla del Tesoro. El contraste de paisajes de la costa rural es único: el interior inspira refugio y aventura, el mar, libertad. Certificadas todas por el Ecolabel internacional, según las agujas del reloj, el viaje por nuestras costas es así:

Galicia

turismo rural

Casa Fontequeiroso

Se presenta como el hotel más occidental de Europa, ante la escarpada Costa de la muerte y cerca del Finis Terrae. Su paisaje de prados y bosques desemboca en playas salvajes. Rústica y acogedora, con gastronomía Slow Food cocinada en horno de leña.

Casa de Trillo

Sin alejarse de la Costa de la muerte puede hacerse noche en una histórica casa señorial del siglo XVI que fue cuna de marineros y navegantes, donde respirar el ambiente de las viejas posadas costeras. Sabor rural y marinero, razas autóctonas, gastronomía Slow Food.

Casa Pousadoira

A las puertas de uno de los rincones más mágicos de Galicia, las Fragas do Eume, y cerca del mar, esta preciosa y acogedora casa de agroturismo, con granja y huertos certificados de agricultura ecológica, dinamiza el rural sin perder de vista la espectacularidad del mar.

Alvarella

Un poco más al norte, pero cerca también de las Fragas y a pocos minutos de la playa, se encuentran esta casa y albergue destinados a la sensibilización e iniciación a la biocultura, con gran apuesta por las energías renovables y las actividades naturales.

Asturias

turismo rural

Camping rural Playa de Taurán

Espectacular, al borde del mar, sobre un acantilado y una cala rodeados de prados y bosques, junto a la preciosa villa marinera de Luarca. Camping singular y único: hórreos, energías renovables, huerto y granja de razas autóctonas (ponis, ovejas…).

La casa del naturalista

Quintana tradicional del s. XVIII, con hórreo y panera, integrada en plena naturaleza y con clara vocación por la divulgación ambiental. En plena mariña asturiana, con cocina tradicional elaborada a partir de la cosecha de sus huertos, respirando a mar.

La Quintana de la Foncalada

Casería tradicional del s. XVIII en la mariña asturiana y Reserva Natural de la Ría de Villaviciosa. Tiene un precioso ecomuseo destinado a difundir las tradiciones, la artesanía y las razas autóctonas (poni asturcón, oveya xalda, pita pinta).

País Vasco

turismo rural

Hotel Mundaka

Para los aficionados al surf o los deportes marítimos, en el centro histórico de la villa marinera de Mundaka (Bizkaia), fomenta el ecoturismo activo de experiencias, a medio camino de la playa y el rural, gastronomía vasca Km. 0, y uso de energías renovables.

Islas Baleares

turismo rural

Can Martí

Sabor isleño, mediterráneo e ibicenco de esta antigua finca de payeses restaurada bajo principios de pemacultura y energías renovables. Perdida entre la vegetación isleña y frente al mar, huerta y tienda ecológicas propias, ritual relajante del Hammam, etc.

Son Lladó

Impresionante hacienda mediterránea en Mallorca del Siglo de las Luces, en medio de una preciosa finca agrícola y cerca de la espectacular playa de Es Trenc. Agroturismo con pastoreo tradicional de rebaños, paseos en carro de tiro, y uso de energías renovables.

Andalucía

turismo rural

Cortijo La Molina de Cabo de Gata

En las faldas del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar (Almería), conjunto de blancas casitas en un cortijo tradicional andaluz con certificado de agricultura ecológica. Olivos de Arbequina, frutales, albercas, acuíferos… Y energías renovables.

Islas Canarias

turismo rural

El Sitio

En las latitudes más meridionales, a los pies de las montañas y rodeada de viñedos frente al mar, en la isla de El Hierro, encontramos El Sitio, aislado y con 200 años de historia. Frutas de primera calidad, hortalizas, queso fresco de cabra, yogur natural…