Presencia en la Feria de Ecoturismo Doñana Natural Life y en BioCultura Barcelona

En las dos próximas semanas, llegan dos citas importantes para el proyecto Ceres Ecotur.

I Feria de Ecoturismo Doñana Natural Life – del 27 al 30 de abril

La Fundación Ecoagroturismo – ECOTUR estará presente para dar visibilidad a la red Ceres Ecotur en esta cita en la que se persigue potenciar el turismo de naturaleza. En un marco incomparable, en la localidad de El Rocío y en el Parque Nacional de Doñana, el objetivo es poner en valor un modelo de turismo en donde se introduzca la dimensión de conservación del medio ambiente y la mejora el bienestar de población residente en los destinos de naturaleza.

Hasta allí se desplazará parte del equipo de la Fundación Ecoagroturismo – ECOTUR y el jueves 27 estará María del Mar Villalba, representante de la entidad en Andalucía, atendiendo a potenciales interesados en adherirse particularmente al proyecto Ceres Ecotur. Datos de contacto: 605 966 371 / mirutaes@gmail.com

BioCultura Barcelona – del 4 al 7 de mayo – #CeresEcoturIY2017 

Con motivo del Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, y al igual que se hizo en Sevilla el pasado 12 de marzo, La Fundación Ecoagroturismo y Vida Sana organizan una jornada para bloggers de viajes y gastronomía el día 6 de mayo en el marco de la feria BioCultura en Barcelona.

El año 2017 ha sido declarado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo. Por este motivo, la Fundación Ecoagroturismo, en colaboración con Vida Sana, ha diseñado un plan de promoción y sensibilización en el marco de las diferentes ferias de BioCultura que se celebrarán en España en 2017.

Durante la jornada los bloggers asistentes podrán conocer los valores de la eco-gastronomía como elemento fundamental del turismo sostenible así como la filosofía de la feria BioCultura.

turismo sostenible

En esta ocasión la jornada tendrá lugar en el Palau Sant Jordi (Barcelona). Las actividades comenzarán con una charla sobre “Cómo promover el turismo sostenible en tu blog“, (11:30) que impartirá Javier Tejera, bloguero, periodista y experto en turismo responsable.

Acto seguido se celebrará un showcooking de ecogastronomía, con demostraciones prácticas y catas maridadas de producto, a cargo de Belén Soler, cocinera del restaurante ecológico y km0 El Morral de la Ojinegra (Teruel), miembro de la red Ceres Ecotur y asociado de la Fundación Ecoagroturismo.

Inscripciones en la plataforma BLOG ON BRANDS.

La Fundación Ecoagroturismo tendrá presencia con un stand durante toda la feria. Datos de contacto: Severino García / info@ecotur.es / 655 697 956

Ni rural ni sostenible. 2017: Año Internacional del Turismo Integral

2017 es el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo. ¿Qué importancia tiene? Decisiva. Quienes no estén familiarizados con el tema deben saber que el turismo insostenible no sólo altera un lugar al convertirlo en producto, sino nuestra capacidad para apreciar la realidad (tal cual es y como patrimonio). También altera nuestra forma de viajar, al convertirnos en consumidores, reduciendo el mundo a un paquete de destinos y servicios, y sus distancias (y ecosistemas) a un simple escollo. Viajar debería ser una vía de experiencia y conocimiento, pero ha entrado en una dinámica cuya máxima parece ser (como la cultura del entretenimiento), alejarnos de la realidad, conducirnos a lugares de diseño o ensueño que no existen. Pero ni en el propio destino, si rascas un poco, ni en el lugar donde vives, cuando dices “volver a la realidad”.

turismo sostenible

¿En qué consiste pues el turismo? ¿En evasión, distracción? ¿A qué coste? ¿Conocemos realmente el precio de esa ignorancia, de esa frivolidad? Obviamente el turismo es lúdico por definición, no se trata de ir por el mundo como agentes sociales, pero el ocio no es incompatible con la realidad, ni debe serlo a menos que la realidad del destino, aunque trágica, sea lo de menos mientras puedas tumbarte al sol o ver la tele. Si viajas para huir de la realidad, no critiques el mundo. O viaja con responsabilidad, exigiendo el mismo compromiso a tus hoteles y destinos. El turismo es una de las principales formas de activismo y transformación que como ciudadanos podemos ejercer.

Viajar no siempre ha sido así ni tiene por qué serlo. En el pasado se viajaba sin despegar los pies del suelo o la realidad, lo que era más incómodo, lento y peligroso. Hoy hemos pasado de forma drástica a vivir y viajar en una nube, de seguridad, confort y velocidad. La “aldea global” que acuñó McLuhan hace más de 5o años tiene aquí un sentido especial. Si el mundo es una aldea global (vecindario virtual sin distancias), corremos el riesgo de simplificar nuestra mirada y al propio planeta, o por el contrario, amplificar nuestra mirada, admirar la grandeza real y patrimonial del planeta y protegerla tendiendo puentes de forma coordinada y responsable: puentes entre legislaciones, transportes, servicios y touroperadores. Esos puentes ya se tienden a escala local mediante el asociacionismo, pero necesitan el apoyo gubernamental y social. Porque el turismo pide un cambio, pero se debate como el resto del mundo entre extremos. Entre lo global y lo local, entre la tradición y el progreso, la conservación de la naturaleza y la industrialización, el negocio y el interés general. Si como decían los clásicos, la virtud está en el equilibrio, el turismo sostenible ha llegado para materializar por fin ese equilibrio o puente entre extremos. Porque fomenta un turismo integral, moral y real (el que nos acerca a la realidad), al conciliar esos extremos:

  • Lo local con lo global: contribuir al medioambiente global desde la acción local.
  • El pasado con el futuro: sin despreciar la tradición, se enraíza en parte de sus valores para actualizarlos, modernizarlos y edificar con ellos el progreso (energías renovables, eficiencia energética…).
  • El negocio con el altruismo: busca la rentabilidad teniendo por límite el respeto medioambiental y social, como quien sabe que su libertad no existe sin aparejar deberes con los demás, principio liberal que el liberalismo económico ha olvidado muchas veces, instalado más en la ley del más fuerte, pero que la RSC (versión empresarial del progreso sostenible) quiere enmendar.
  • El mayor reto me parece conjugar la conservación de las culturas locales con su aperturismo a una cultura universal (no global), de mentalidad progresista, basada en valores universales, adaptando sus costumbres, creencias o religiones a la ética y la ciencia actual, sin dejar que por ello la técnica arrase su forma de vida.

turismo sostenible

Este Año Internacional del Turismo Sostenible debería servir para inculcar en la sociedad y grabar a fuego una idea: el turismo sostenible no es un tipo de turismo, es el único. El único viable, y para ello convendría quitarle el apellido y visibilizar que el que merece etiqueta es el turismo insostenible. El turismo sostenible no es turismo verde o solidario, es turismo total, integral, porque es el único que respeta y preserva la realidad como un patrimonio (no como un producto) a todos los niveles.

Una buena forma de mostrarlo es medir la calidad de un destino o alojamiento por su grado de transversalidad o integración (local/global, tradición/progreso) y respeto a la realidad a cualquier escala patrimonial. Esas escalas son universales, cualquier destino puede visibilizarlas desde su singularidad local, a partir de productos turísticos afines que todos conocemos, aunque tendamos a ignorarlos o parcelarlos:

Astroturismo

Poder observar o entender un poco mejor el universo del que dependemos, a golpe de prismáticos, telescopio o a simple vista. Si hace falta, con mitología local, para darle gracia. El cielo estrellado es nuestro patrimonio natural más sagrado y antiguo. Un cielo que sostiene a nuestro suelo: la Tierra. La Ciencia no deja de avanzar cada día en la exploración del Cosmos, aprendamos de ella.

Geoturismo

El suelo que pisamos apareció antes que la vida o que cualquier cultura. Se le debe el privilegio de quererlo y conocerlo antes que a lo demás, por la historia que deposita y por sostener y explicar el paisaje que respiramos y admiramos, o a la cultura que vive en él. Por muy árida que parezca la geología, con gotas de imaginación florece. Vernadsky decía que la vida es una fuerza geológica.

Ecoturismo

Es la eclosión del turismo de naturaleza, y por ello también a veces una amalgama confusa. El ecoturismo integra al astroturismo y geoturismo, pero puede asociarse más a los ecosistemas y a la vida. La biodiversidad sigue siendo la vanguardia experimental y evolutiva del universo, no un vestigio del pasado. Somos nosotros los que nos aislamos en vez de cohabitar adaptando nuestro progreso a ella: turismo ornitológico, turismo meteorológico (conocer los vientos, la lluvia, el clima que da carácter y personalidad al paisaje), turismo botánico, turismo de salud o turismo activo (experiencias y aventura en la naturaleza). También el turismo rural y agroturismo (más vinculados al desarrollo humano y su cultura agraria), pero arraigados a la naturaleza.

Turismo social y cultural

Ya sea en su dimensión comprometida (voluntariado, accesibilidad y acción sobre la realidad social del destino) o lúdica: turismo industrial, etnográfico, gastronómico o artístico. Esta dimensión debería referirse a cualquier faceta humana con impacto sobre el territorio o el paisaje, respetando y dando a conocer el modo de vida local, siempre que este respete los niveles anteriores y se integre en su visión de conjunto.

Si concebimos el turismo sostenible de forma integral, como experiencia holística de la realidad, este modelo es homologable a cualquier destino/paisaje del mundo, preservando su patrimonio por escalas: atmósfera, geosfera, biosfera, antroposfera, noosfera (esfera cultural). Aunque este enfoque parezca apuntar solo a áreas rurales, el turismo sostenible no puede desvincularse de las ciudades y núcleos costeros, donde esta visión integral del paisaje salta por los aires y es más necesaria, porque también cada ciudad está definida por su patrimonio geológico o climático, por mucho que lo contamine o ignore. Sería un modelo aplicable a hoteles urbanos, que contribuyan en la medida de lo posible a hacer visible su paisaje integral, el patrimonio que define su destino singular y único.

Turismo rural y revolución verde en esta Navidad

¿Por qué la Navidad, que tanto invoca la autenticidad y los grandes valores, se ha convertido en la época más artificial y consumista del año? ¿Será que con eso de envolver de magia a los niños nos empaquetan a todos? ¿O que de tanto fingir ante ellos hemos asumido la hipocresía como el valor más consustancial a la navidad? Cuando la tradición y la religión se venden al merchandising ¿qué queda de ellas? Lo irónico es que ya sea desde convicciones religiosas o laicas, hace falta muy poco para hacer de la navidad un recuerdo mágico e inolvidable de verdad, sin recurrir al cartón piedra y los efectos especiales con que la publicidad la adorna. Si la magia navideña está en su exaltación de valores, sorpresas y belleza, esto sobra sin trampa ni cartón en la naturaleza.

Si tenemos valores sociales o ambientales que inculcar a nuestros hijos, aprovechemos la navidad para hibernar y desconectar de todo lo que se lucra, despilfarra o comercia con ella, recuperando la modestia que caracteriza a la naturaleza en la estación fría del año, para fomentar una conciencia o perspectiva real y justa del mundo. El invierno implica refugio, adaptarse a la escasez de recursos y aprovechar el aprovisionamiento hecho durante el tiempo de bonanza. Lo opuesto a lo que hacemos: multiplicar compras y gastos. La época materialista por excelencia puede convertirse en la del apagón y la revolución verde, la del ahorro energético y la magia real, la natural. Basta un ligero cambio de rubo: hacia regalos biodegradables o un entorno sostenible y con encanto como una casa rural.

¿Qué mejor regalo que despertar en un lugar donde el paisaje huele a invierno? ¿Desde la leña en el fuego al aire frío de montaña? Donde desde el bosque a la fauna silvestre y desde la fantasía a las leyendas del lugar llenan de misterio y encanto real cada experiencia del turismo rural? Existen rutas navideñas para sumergir al viajero en episodios de cuento. Donde alejarse del tópico y el derroche comercial para tomar las uvas (con tele o sin ella) desde un lugar aislado en la auténtica navidad. Donde celebrar cenas íntimas con cocina casera y experiencias ecoagroturísticas irrepetibles, donde los árboles están vivos y no son de plástico, la nieve es agua helada y no porexpán, y la blanca navidad del villancico es real.

turismo rural en Navidad

Convirtamos la navidad sintética en orgánica. Regalando vida y llevando al corazón urbanita de nuestras casas un kit de cultivo o pequeñas bombas de semillas para sanear la rutina. Iniciativas como Ecoquchu, con regalos ecológicos de diseño artesano, se proponen reverdecer así la vida urbana. Hay modestos proyectos de gran corazón que contribuyen al progreso sostenible y el florecimiento del planeta en dirección opuesta al materialismo que tanto derrocha estos días. Proyectos sociales y ambientales que luchan por un mundo mejor y debieran ser los verdaderos Reyes Magos en los que creer, porque existen de verdad. Aunque las luces y el porexpán nos venden los ojos.

Turismo rural: la belleza está en el interior

Vivimos en una sociedad artificial sometida al dictado de la imagen, que copa cada vez más espacios, desde la televisión a las redes sociales, y estiliza a través de las pantallas el reflejo en que debemos mirarnos. Las personas se cotizan por imitación en un nuevo elitismo equiparable al de las clases sociales que creíamos superadas. Antes de llegar los móviles e Internet ya vivíamos en una sociedad consumista y de masas, pero ahora, además, todos la amplificamos como postes repetidores. Cada persona tiene un espejito mágico como el de la madrastra del cuento, desde donde puede tunearse la cara con herramientas de retoque fotográfico para parecer más guapa sin necesidad de preguntárselo, monitorizando a distancia su reputación online y su vida, pero además, reproduciendo patrones de pensamiento masivo, de forma viral, adictiva (a golpe de clic) y acrítica. La crítica, tan devaluada y tildada a la mínima de reaccionaria, es una defensa endeble ante el rodillo gigante de esa cultura monolítica. La publicidad ha contribuido queriendo seducir siempre desde la lógica de la vanidad, el exhibicionismo o la competitividad: la ley del más fuerte, el más guapo, el más visible… Por eso aparentar hoy lo es todo, tanto como en los tiempos de la hipocresía decimonónica: con el cuerpo, los hábitos sociales o la moral.

turismo rural

Ante una sociedad ansiosa por aparentar juventud o innovación constante, artificial y operada, la naturaleza, que es cíclica, da siempre una lección providencial en otoño, cuando los bosques caducan, o con cada puesta de sol, cuando el cielo se desploma con el peso de la noche, que llega igual para todos, con la contundencia de una realidad inexorable y cíclica. Esa decadencia es un triunfo de la naturaleza, que pone toda la parafernalia material y el ego ante su verdadero reflejo. En ese sentido, desde la modestia y la humildad, el turismo sostenible respeta los ciclos de forma inversamente proporcional al turismo convencional.

Hay una España  que recuerda a veces a esos personajes de la tele que esconden su edad tras el botox como el polvo bajo la alfombra, inflando sus rostros neumáticos por vanidad o complejo de vieja gloria: la heredera del Spain is different, que acomplejada de agrarismo, amortizó su fama a costa del Sol y playa y el folclore, asociando su reputación a eso, tópicos y marketing. El lavado de cara con que escondió las arrugas de su atraso histórico se cebó en la costa, sometiendo a operación estética su silueta litoral en una política rendida a la especulación. Como si fuera silicona, inyectó a sus playas cemento y ladrillo para estirarse la piel en un lifting turístico, que clamando Sol y playa prostituyó su costa. Los hijos del ladrillo son la ironía de esa conversión fraudulenta, de la España cañí a la España cani.

turismo rural

¿Qué pasó con el interior? ¿Con la riqueza de una península de singularidad geográfica donde confluían climas, paisajes y culturas diversas? ¿Con tesoros patrimoniales y rurales como sus Denominaciones de Origen? Los escondió tras el tópico y sólo ahora poco a poco se modernizan y salen a flote, defendiendo su autenticidad y un turismo diferente. Iberia es un mosaico, pero todavía desordenado. Y hay diferencia entre hacerse valorar por el Sol o por méritos propios, por articular un modelo civil y turístico integrado. En un contexto global abocado a la sostenibilidad, España, como potencia turística, tiene la oportunidad de ser una vanguardia del turismo responsable y eficiente. El turismo rural ecológico o ecoagroturismo, que distingue a la red Ceres Ecotur, protege la diversidad desde la integridad, evocando la dignidad de sus arrugas, de un esfuerzo nunca recompensado ni vendido, pero inscrito en el territorio con mayor biodiversidad del continente.

Turismo sostenible y educación: la necesidad de reordenar nuestras prioridades

El gran reto de la educación es optimizar el conocimiento desde un sentido racional y ético. Hace poco oí hablar de un libro: “El sentido del asombro”. Su título me atrajo porque ilustraba bien una idea que me interesa y que ya asomó varias veces por el blog, así que lo busqué hasta dar con él. El mensaje que lanza sobre la necesidad de desarrollar desde la infancia nuestros sentidos ante la naturaleza, viniendo de una científica (Rachel Carson, “La primavera silenciosa”), puede resumirse en su famosa cita: “Creo que para el niño, como para los padres que buscan guiarle, conocer no es ni la mitad de importante que sentir”.

Nacemos igual que hace miles de años, animales, pero inmediatamente nuestra cultura nos viste y educa para diferenciarnos de ellos y aislarnos de la naturaleza. Es como si nos uniformase y adiestrase de espaldas al planeta, por no decir en contra, fomentando más una cultura artificial que biológica. Si en vez de eso estimulase desde el nacimiento la identificación y conciencia de pertenencia al gran universo del que somos parte, natural y vivo antes que tecnológico, cultivando la innata sensibilidad infantil y biocultural, nuestra escala de prioridades cambiaría. No por eso dejaríamos de ser racionales o de progresar tecnológicamente, solo que desde otra empatía y cosmovisión.

El título original del libro, The sense of wonder, añade un matiz, porque wonder tiene doble sentido: maravillarse y preguntarse. Es el asombro, el misterio o el amor lo que incentiva la curiosidad y motiva el conocimiento. Nuestra cultura ha invertido las tornas, motivando el conocimiento por la utilidad, anteponiendo el pragmatismo y el materialismo a la emoción, y atrofiando así nuestra familiaridad intuitiva hacia la naturaleza como fuente de estímulos y horizonte de vida. No solo Rachel Carson denunció esta miopía. Aquí, Félix Rodríguez de la Fuente decía: “Se habla mucho de política, se habla mucho de deportes, se habla mucho de tecnología, pero la más acuciante de las decisiones del hombre actual es la conservación de la naturaleza”.

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No son opiniones bohemias, son criterios científicos cada vez más respaldados, que piden un cambio en la Educación. Darwin acabó con Dios, pero no con nuestro Ego: aunque hace 160 años demostró que el hombre no es el centro del universo sino un animal entre miles, el antropocentrismo nos blinda de ellos más que nunca, como si Darwin no hubiese existido. Nuestros sentidos fueron seleccionados para interactuar con un medio al que hacemos oídos sordos. Pero si los niños son esponjas, un bautismo natural en el medio rural agudizará sus sentidos de por vida. Rachel Carson advertía ya en los 60 la tiranía de la cultura de la imagen sobre otros sentidos, y proponía proteger en los niños el olfato, el tacto, la imaginación o la curiosidad ante la naturaleza, en un camino iniciático no limitado a identificar animales de cuento, sino a despertar y hacer suya la vitalidad del mar, el bosque o la noche: su consciencia de pertenencia al ecosistema.

El error parece considerar esa conciencia una cuestión romántica y no una premisa racional o ética, derivada de la biología y de la escala real que ocupamos en el mundo. ¿Por qué en vez de ver la naturaleza como una realidad experiencial la vemos como algo aislado y paisajístico? Porque nuestro progreso se alejó de ella. Juzgamos más la naturaleza como un proceso físico que por cómo nos afecta, y al hacerlo dejamos de verla como seres vivos para hacerlo como entes abstractos. Es como juzgar un reloj por su maquinaria en vez de por dar la hora o juzgar a un pájaro por su anatomía en vez de porque vuela. Estamos empezando la Educación por el tejado. Me pregunto si no sería bueno reordenar nuestras prioridades. Empezar por la realidad natural y enseñar a los niños el lugar que ocupan en ella, despertándola en su conciencia, pues ante todo son seres vivos y sensuales. La química o la tecnología vendrán después. Hoy, que tantos niños nacen en esterilizadas ciudades, acudir a una escuela Waldorf o practicar turismo sostenible en el medio rural, interpretando el entorno natural, puede guiar su contacto con la naturaleza haciendo de la estancia un bautismo de vida. Su bienvenida al mundo, baño de realidad o primera experiencia.

El birding como reclamo ecoturístico

Uno de los grandes recursos olvidados del turismo rural lo tenemos encima… En el cielo. No sólo el astroturismo está consagrando al rural como mejor observatorio del universo, sino la ornitología, áspera palabra que los ingleses sustituyen con más modestia y acierto por “birding” (pajareo). Acierto porque como explica Antonio Sandoval, divulgador y ornitólogo, contemplar los pájaros tiene tanto de arte,  juego y belleza, como de ciencia, pese a que aquí nos refiramos a ello de forma técnica y friki. En su libro ¿Para qué sirven las aves? recuerda que como tantos otros atractivos naturales, en el canto de los pájaros se han inspirado grandes artistas y compositores. Las casas rurales, cuya etiqueta “rurales” parece acogotarlas siempre al agrarismo, debieran promocionarse como casas neorrurales o de naturaleza, integrales, es decir, levantando su mirada y su oferta a todo el medio natural, incluido el cielo, escenario de los fenómenos de los que depende su paisaje y reino de los pájaros o las estrellas. Estrellas extinguidas en la ciudad pero abundantes en el campo, al que convierten en la mejor fuente de información astrofísica y tribuna universitaria al cosmos.

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El valor turístico del birding está en que además de diversificar y desestacionalizar la oferta, seduce a los turistas europeos, cotizados por su alto nivel cultural, ecológico y económico. Son viajeros casi siempre bien equipados y dispuestos a pernoctar varios días. Los destinos más favorecidos o desarrollados para la observación ornitológica en España son Doñana y el Estrecho de Gibraltar, Extremadura, Pirineos… Las costas atlántica y cantábrica también constituyen un buen mirador para los viajeros, por su posición estratégica en medio de rutas migratorias. Una de las prácticas más ejemplares que se han llevado a cabo en nuestro país para aprovechar este recurso desde una asociación sin ánimo de lucro, sin apenas medios, es Urdaibai, en Bizkaia. Supo poner en valor y reciclar una antigua fábrica abandonada (y el ecosistema que la rodeaba), reconvirtiéndola en uno de los centros de observación de aves nacionales más dinámico e innovador.

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Es necesario concienciarse del valor que el birding tiene más allá de nuestras fronteras. Basta saber que se organizan grandes competiciones a lo largo de países enteros con el fin de identificar el mayor número de especies, como retrata la comedia El gran año. ¿Qué las hace tan atractivas? Su pintoresca variedad: su forma de volar y cantar, su silueta, sus colores, el anidamiento, la cría… Las aves pueden ser la mejor puerta para entender la singularidad del ecosistema que rodea a una casa rural, así como los ciclos naturales en que vive inmersa. En su vuelo, las aves crean como las abejas un hilo que entreteje los distintos elementos del paisaje. Pese a que nuestra época ha anestesiado nuestra capacidad para apreciarlo, la aves son criaturas fascinantes: seres que sostienen su propio peso en el aire, con la mezcla de formas y colores más increíble que puediera diseñar un artista, y capaces de viajar inmensas distancias o atravesar espectaculares paisajes dignos de envidiar.

Buenas propuestas de ecoturismo y turismo sostenible

Hace unos meses asistí a un curso de “Turismo Sostenible en Parques Nacionales, la Carta Europea de Turismo Sostenible”, organizado por el CENEAM en Vigo sobre el Parque Nacional de las Islas Atlánticas (archipiélagos de Islas Cíes, Ons, Sálvora y Cortegada), en trámites de adhesión a la Carta, se dieron a conocer muy interesantes iniciativas sostenibles de ecoturismo. Hubo ponencias por parte de Europarc, de la Secretaría de Estado de Turismo, del Parque Nacional de Sierra Nevada (ya adherido), sobre el SICTED (Sistema integral de Calidad Turística en Destinos), el Club de Producto Ecoturismo en España, las más recientes aplicaciones turísticas en TIC, y un repaso académico al concepto de turismo sostenible. Entre los presentes, empresas náuticas, tecnológicas, de divulagación ambietal o de agricultura ecológica. El dulce lo pusieron las propias propuestas y modelos de negocio sostenibles aplicables al entorno del Parque, que pueden dar ideas a otras regiones:

Turismo accesible

El ejemplar e innovador modelo de la mancomunidad Arousa Norte ha creado un paquete turístico accesible para personas con diversidad funcional visual y auditiva. Su acierto fue generar un producto turístico integral, con variedad de ofertas hosteleras adaptadas para que el visitante pueda tener y sentir la libertad de elegir. El modo de conseguirlo consistió en concienciar a los agentes turísticos locales y formarles en cuestiones básicas, potenciando la importancia del anfitrión como oficio. Dado el contexto de crisis, su prioridad no fue invertir en la accesibilidad de infraestructuras con costosas obras sino en la accesibilidad de las propias personas como recurso. Invertir en el factor humano, casi siempre obviado. En su carrera hacia la capitalidad del turismo accesible, factores como la sensibilidad y los derechos sociales se convirtieron en su activo, descubriendo además en la accesibilidad universal un nuevo recurso: el turismo sensorial o sensitivo, no tan centrado en la vista como en los sentidos atrofiados por la Cultura de la Imagen. En ello trabaja ya, con rutas o paquetes que estimulen los sentidos para experimentar su paisaje  de forma distinta y única, como respirar el mar o degustar marisco con los ojos vendados.

Buceo arqueológico

Por parte del proyecto Galician Shipwrecks, que quiere dar a conocer al mercado nacional y extranjero el ingente patrimonio cultural submarino de las costas gallegas, tan recortadas que se convirtieron en una “garra” para infinidad de naves en sus travesías (en medio de la ruta marítima  más frecuentada de la historia junto al Mediterráneo) y en un museo submarino de la historia naval de numerosas culturas desde hace más de 2000 años. El principal atractivo de su propuesta es poder ofrecer historias fascinantes de naufragios ante sus propios testimonios (los pecios), y para todos los gustos y viajeros, porque el que abanderan no es un patrimonio autóctono, sino internacional, donde rastrear la historia y el desarrollo industrial y naval de distintos países, con el consiguiente interés cultural para cada visitante. En la actualidad ya ofrecen dos rutas: la ruta de los galeones, y la ruta de los buques de guerra.

Turismo marinero

A cargo de la agencia online Bluscus, centrada en crear una oferta que recupere la esencia marinera integral, desde la experiencia del viajero a bordo de embarcaciones tradicionales, pesqueras o de recreo al trabajo vinculado al mar como el marisqueo y continuando por el que lo sucede en tierra, con visita a las conserveras, lonjas o la degustación gastronómica del producto final.

Turismo astronómico

Bajo la aspiración de que el Parque obtenga la certificación Starlight, corrió a cargo del profesor Salvador Bará, de la Universidad de Santiago de Compostela, alrededor de la contaminación lumínica y el despilfarro de energía por mal uso del alumbrado público, poniendo ejemplos de la gran visibilidad nocturna que hemos perdido en los últimos años en España, extinguiéndose también por tanto las zonas “puras” donde observar con claridad el cielo tal y como es, como el rural. Puso de ejemplo la Ley del Cielo aplicada en la Isla de la Palma, y protectores de madera usados ya en turismo rural para dirigir la iluminación al suelo y respetar la visibilidad nocturna, valor añadido de las casas rurales. Planteó la necesidad de devolver a nuestro paisaje habitual y a nuestra experiencia una parte de la naturaleza que damos por perdida, las estrellas, cuya contemplación ha servido de guía y fuente de conocimiento desde la Antigüedad y aún hoy en día, como principal fuente de información para la Astrofísica. Su pasión por la observación del cielo nocturno la transmitió a los asistentes: “cuando nos tocamos la cara tocamos átomos que nacieron probablemente en el corazón de una estrella, y cuando miramos al cielo y observamos las estrellas, la luz que recibe nuestro ojo nos está poniendo en contacto con el Pasado”.

El turismo ornitológico o birding, con la interesante ponencia del divulgador Antonio Sandoval, que abordamos en otro post.

La puesta en común tras las jornadas tuvo una idea clave: el turismo sostenible es ante todo cuestión de actitud y ética, de factor humano y compromiso verificable a largo plazo. Ni los certificados ni marcas ni sellos bastan, sino la exigencia y la apuesta real por un turismo responsable con las personas y el medio. La pauta es la exigencia y el consenso de unos mínimos sostenibles entre empresasrios y clientes. En conclusión: “la fuerza no puede proceder solo de la unión, sino de la conciencia”.

La historia oculta del paisaje

El paleontólogo Juan Luis Arsuaga ha dicho varias veces algo fascinante: “Cuando alguien me pregunta cómo era la Prehistoria, siempre digo lo mismo: vete a un monte o a un bosque. Eso es la prehistoria. No verás bisontes, pero quizá veas un corzo u otros animales salvajes. Hay rocas, hay ríos, etc. Vive en ese medio. Eso es la prehistoria. De hecho, has vuelto a la prehistoria”. El único laboratorio donde los viajes en el tiempo son posibles es la naturaleza. Porque, más allá de las épocas, siempre es la misma, y lo único que cambia es nuestra forma de verla o interpretarla. Basta con volver a vivirla bajo la perspectiva y condiciones de otras épocas para que estas vuelvan a realizarse y sintamos lo que sentían, porque la naturaleza despertará igual en nosotros, que también somos los mismos. Renunciando, por ejemplo, a los avances del último siglo, como la electricidad. Entonces, como por arte de magia, el planeta vuelve a ser tan grande y misterioso como hace miles de años. Las montañas están donde estaban y los lugares que ocupamos, para los que no ha pasado el tiempo, son los mismos que ocuparon los primeros pobladores. Por eso el progreso no está escrito.

Ese poder de la naturaleza, que vive en contemporaneidad a todas las épocas, no es fácil de apreciar, pues vemos su paisaje como la fachada o punta del iceberg que es. Y aún peor las nuevas generaciones, que ven en ella un paisaje tan desechable como el mundo material que las rodea. No la miran como una catedral porque no perciben su valor patrimonial, labrado a lo largo de miles de años. Nadie les ha enseñado que la naturaleza está bebiendo del universo hasta que se tapia o mutila irreversiblemente. O que es un error asociarla al pasado, ya que a diferencia de nuestro mundo sintético o del espacio exterior, es en ella donde el universo evoluciona y prospera en directo como en ningún lugar, estrenándose en cada nueva vida. La “pureza” natural no es un legado virgen de las raíces o del origen, sino la frescura de esa constante actualización.

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El ecoturismo y el turismo rural pueden presumir de ser un puente entre el pasado y el presente, entre lo mejor del progreso y de la naturaleza, experimentando de camino las distintas formas de estar en el mundo que el hombre ha conocido, meta de los intérpretes de naturaleza. El pasado en el presente es posible leyendo entre líneas las distintas experiencias que ha despertado un paisaje y puede despertar, desplegando todas sus posibilidades y riqueza singular. Por ejemplo, uno de nuestros asociados, La Mallada, describe su paisaje desde la mirada medieval de los reyes de León, que recoge Pascual Mádoz en 1849: “Está situado en un estribo de los montes Aquilianos, formando una especie de anfiteatro rodeado de colinas desde el cual se domina toda la amena llanura de El Bierzo (…). Los reyes de León lo habían elegido para morada de recreo en los meses de estío por su frescura, bello paisaje y sus hermosas vistas”.

Los 50 referentes del turismo rural nacional de calidad

La Red Ceres Ecotur ha sido seleccionada por el manual ministerial de Buenas Prácticas en Turismo Rural. Es un reconocimiento al trabajo bien hecho, pero sobre todo, al valor competitivo de la red, selección de unos 50 establecimientos rurales ecológicos y sostenibles de España, referentes del turismo rural nacional. ¿Cuál es su ventaja? Su exigencia ecológica, testada a nivel internacional por el Ecolabel de ECEAT Internacional (European Centre for Ecological and Agricultural Tourism).

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El criterio de este sistema de calidad es que lo que define al turismo como “rural” no es la ruralidad del lugar o de las vistas, sino de la gestión, esto es, que sea fiel al medio que abandera. Bajo esa condición, un hotel sostenible con huerto ecológico en plena ciudad puede ser más rural que una casa rural insostenible en medio del campo, por más bonita y lujosa que sea. La clave es el rigor sostenible de los gestores y emprendedores de la red, mejor aval que cualquier certificado.

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Si otros sellos turísticos miden la “calidad” en el lujo o la estética, Ceres Ecotur lo hace en la integración real (no aparente) de la casa en la naturaleza, con un triple compromiso: económico, sociocultural y ambiental. Tres frentes que la crisis ha desvelado clave en los nuevos modelos de gestión empresarial, cuya lección son el capital humano y el ahorro energético. Los miembros de la red Ceres Ecotur son por ello modelos de innovación, eficiencia y calidad turística, al nivel de lo que se está haciendo en Europa.

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Si toda actividad turística se debe al destino, su calidad no puede medirse de puertas adentro. Por eso el triple compromiso Ceres revierte en la calidad turística del lugar: el compromiso económico dinamiza el tejido rural de la zona en vez de colonizarlo; el sociocultural o etnográfico genera sinergias en torno a la cultura y las tradiciones; y el ambiental minimiza la huella ecológica, fomenta la integración en la naturaleza y valoriza la riqueza gastronómica autóctona.

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La calidad de estas iniciativas se basa en ofrecer una experiencia turística holística, que muestra al viajero (extranjero o no), la identidad auténtica de cada región (Andalucía, Baleares, Asturias), con su riqueza natural productiva: su Marca. Los 4 ejes de acción, son: agricultura sostenible (huerto o granja ecológica, razas autóctonas, cocina casera), patrimonio cultural (arquitectura, identidad rural), bioconstrucción y eficiencia energética (recursos naturales), y actividades en la naturaleza.

¿Qué nos atrae del turismo rural?

A pesar del esnobismo y los prejuicios, cada vez más jóvenes vencen tópicos y descubren la experiencia del turismo rural, ya sea en pareja o en grupos: por desconexión, intimidad o búsqueda de unas raíces naturales y culturales de las que la globalización les privó. El motivo son las sensaciones que únicamente pueden encontrar allí. Entre los “secretos” ecoturísticos que más seducen y convierten la evasión rural en el plan ideal de una escapada romántica, familiar, aventurera o espiritual, seleccionamos los principales. Habrá quienes se identifiquen con unas sensaciones u otras, según su inspiración viajera: la casa, el paisaje, la gastronomía, o las experiencias. ¿Qué es lo que más os atrae como viajeros? ¿Y lo que más fomentáis como anfitriones? ¿Cuál es la combinación perfecta?

La casa

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El refugio: esa mezcla de resguardo y calidez que proporciona la casa rural ante las condiciones extremas de un paisaje salvaje, evocadora de las antiguas posadas.

El aislamiento: la incomunicación o lejanía del mundanal ruido, de la masificación, de la actualidad… El estar “perdido de todo”. Es un aislamiento también virtual si carecemos de conexión a Internet o de cobertura en el móvil, y sin embargo, de contacto más humano y real con las personas que nos rodean, de inmersión plena en la naturaleza, donde el tiempo pasa de otra forma, y de reencuentro personal.

El “encanto”: que referido a una casa rural suele asociarse al diseño o la decoración, a menudo tradicional y como salida de un cuento, tanto en su fachada como en su interior. Ese encanto invita a formar parte durante la estancia de un ambiente casi irreal, mítico o histórico, pero también estético, artístico y artesanal.

El confort y el “lujo”: televisión, wifi, jacuzzi… A veces el placer rural está en el contraste de esos caprichos con la naturaleza agreste que los rodea, como un buen baño caliente bajo el manto de nieve y ante un paisaje abrupto y helado por la ventana.

La rusticidad: todo lo contrario, cuanto más rudimentario, primitivo y tosco, mejor.

El entorno

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Montañoso: las altas cumbres y laderas de las sierras o cordilleras desafiando a las nubes, o los montes y cerros que se elevan sobre un bosque o una llanura.

Boscoso: el verdor y la vegetación exuberante, con toda la vitalidad de flora y fauna que guardan los bosques, impregna cada rincón de la casa rural, durante el día o la noche, con sus olores y sonidos.

Llanuras: prados, marismas, pantanos y llanuras que se extienden hasta donde alcanza la vista, alternando las texturas y colores de los cultivos o dehesas.

Costero: acantilados, playas vírgenes, cuevas… El paisaje accidentado y extremo del litoral. Delante, todo el mar.

Etnográfico-cultural: aldeas medievales aisladas en la naturaleza o pueblos históricos a medio camino entre la tradición y el progreso.

La comida

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Gastronomía casera tradicional: de puchero y a fuego lento, contundente y artesana.

Nueva cocina: experimentando cómo reinterpretar el entorno natural mediante nuevos sabores, aromas y combinaciones.

Las experiencias

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Senderismo: rutas para todos los gustos y niveles a través de las cuáles, además del esfuerzo físico y saludable, redescubrimos nuestro planeta sumergiéndonos en sus ecosistemas como un simple ser vivo más.

Deportes de aventura: rafting, piragüismo, escalada, buceo, rutas a caballo, barranquismo o tirolinas, entre otras muchos.

Observación de la naturaleza: fauna, flora, estrellas, que de por sí constituyen toda una cultura humana o biocultura viajera por recuperar.

Agroturismo: la recolecta de hierbas aromáticas o medicinales, setas, castañas, el pastoreo, el huerto o la granja son cada vez más demandados por un viajero que quiere pasar de mero espectador pasivo a integrante de cada destino, viviéndolo desde dentro.