El birding como reclamo ecoturístico

Uno de los grandes recursos olvidados del turismo rural lo tenemos encima… En el cielo. No sólo el astroturismo está consagrando al rural como mejor observatorio del universo, sino la ornitología, áspera palabra que los ingleses sustituyen con más modestia y acierto por “birding” (pajareo). Acierto porque como explica Antonio Sandoval, divulgador y ornitólogo, contemplar los pájaros tiene tanto de arte,  juego y belleza, como de ciencia, pese a que aquí nos refiramos a ello de forma técnica y friki. En su libro ¿Para qué sirven las aves? recuerda que como tantos otros atractivos naturales, en el canto de los pájaros se han inspirado grandes artistas y compositores. Las casas rurales, cuya etiqueta “rurales” parece acogotarlas siempre al agrarismo, debieran promocionarse como casas neorrurales o de naturaleza, integrales, es decir, levantando su mirada y su oferta a todo el medio natural, incluido el cielo, escenario de los fenómenos de los que depende su paisaje y reino de los pájaros o las estrellas. Estrellas extinguidas en la ciudad pero abundantes en el campo, al que convierten en la mejor fuente de información astrofísica y tribuna universitaria al cosmos.

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El valor turístico del birding está en que además de diversificar y desestacionalizar la oferta, seduce a los turistas europeos, cotizados por su alto nivel cultural, ecológico y económico. Son viajeros casi siempre bien equipados y dispuestos a pernoctar varios días. Los destinos más favorecidos o desarrollados para la observación ornitológica en España son Doñana y el Estrecho de Gibraltar, Extremadura, Pirineos… Las costas atlántica y cantábrica también constituyen un buen mirador para los viajeros, por su posición estratégica en medio de rutas migratorias. Una de las prácticas más ejemplares que se han llevado a cabo en nuestro país para aprovechar este recurso desde una asociación sin ánimo de lucro, sin apenas medios, es Urdaibai, en Bizkaia. Supo poner en valor y reciclar una antigua fábrica abandonada (y el ecosistema que la rodeaba), reconvirtiéndola en uno de los centros de observación de aves nacionales más dinámico e innovador.

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Es necesario concienciarse del valor que el birding tiene más allá de nuestras fronteras. Basta saber que se organizan grandes competiciones a lo largo de países enteros con el fin de identificar el mayor número de especies, como retrata la comedia El gran año. ¿Qué las hace tan atractivas? Su pintoresca variedad: su forma de volar y cantar, su silueta, sus colores, el anidamiento, la cría… Las aves pueden ser la mejor puerta para entender la singularidad del ecosistema que rodea a una casa rural, así como los ciclos naturales en que vive inmersa. En su vuelo, las aves crean como las abejas un hilo que entreteje los distintos elementos del paisaje. Pese a que nuestra época ha anestesiado nuestra capacidad para apreciarlo, la aves son criaturas fascinantes: seres que sostienen su propio peso en el aire, con la mezcla de formas y colores más increíble que puediera diseñar un artista, y capaces de viajar inmensas distancias o atravesar espectaculares paisajes dignos de envidiar.

Buenas propuestas de ecoturismo y turismo sostenible

Hace unos meses asistí a un curso de “Turismo Sostenible en Parques Nacionales, la Carta Europea de Turismo Sostenible”, organizado por el CENEAM en Vigo sobre el Parque Nacional de las Islas Atlánticas (archipiélagos de Islas Cíes, Ons, Sálvora y Cortegada), en trámites de adhesión a la Carta, se dieron a conocer muy interesantes iniciativas sostenibles de ecoturismo. Hubo ponencias por parte de Europarc, de la Secretaría de Estado de Turismo, del Parque Nacional de Sierra Nevada (ya adherido), sobre el SICTED (Sistema integral de Calidad Turística en Destinos), el Club de Producto Ecoturismo en España, las más recientes aplicaciones turísticas en TIC, y un repaso académico al concepto de turismo sostenible. Entre los presentes, empresas náuticas, tecnológicas, de divulagación ambietal o de agricultura ecológica. El dulce lo pusieron las propias propuestas y modelos de negocio sostenibles aplicables al entorno del Parque, que pueden dar ideas a otras regiones:

Turismo accesible

El ejemplar e innovador modelo de la mancomunidad Arousa Norte ha creado un paquete turístico accesible para personas con diversidad funcional visual y auditiva. Su acierto fue generar un producto turístico integral, con variedad de ofertas hosteleras adaptadas para que el visitante pueda tener y sentir la libertad de elegir. El modo de conseguirlo consistió en concienciar a los agentes turísticos locales y formarles en cuestiones básicas, potenciando la importancia del anfitrión como oficio. Dado el contexto de crisis, su prioridad no fue invertir en la accesibilidad de infraestructuras con costosas obras sino en la accesibilidad de las propias personas como recurso. Invertir en el factor humano, casi siempre obviado. En su carrera hacia la capitalidad del turismo accesible, factores como la sensibilidad y los derechos sociales se convirtieron en su activo, descubriendo además en la accesibilidad universal un nuevo recurso: el turismo sensorial o sensitivo, no tan centrado en la vista como en los sentidos atrofiados por la Cultura de la Imagen. En ello trabaja ya, con rutas o paquetes que estimulen los sentidos para experimentar su paisaje  de forma distinta y única, como respirar el mar o degustar marisco con los ojos vendados.

Buceo arqueológico

Por parte del proyecto Galician Shipwrecks, que quiere dar a conocer al mercado nacional y extranjero el ingente patrimonio cultural submarino de las costas gallegas, tan recortadas que se convirtieron en una “garra” para infinidad de naves en sus travesías (en medio de la ruta marítima  más frecuentada de la historia junto al Mediterráneo) y en un museo submarino de la historia naval de numerosas culturas desde hace más de 2000 años. El principal atractivo de su propuesta es poder ofrecer historias fascinantes de naufragios ante sus propios testimonios (los pecios), y para todos los gustos y viajeros, porque el que abanderan no es un patrimonio autóctono, sino internacional, donde rastrear la historia y el desarrollo industrial y naval de distintos países, con el consiguiente interés cultural para cada visitante. En la actualidad ya ofrecen dos rutas: la ruta de los galeones, y la ruta de los buques de guerra.

Turismo marinero

A cargo de la agencia online Bluscus, centrada en crear una oferta que recupere la esencia marinera integral, desde la experiencia del viajero a bordo de embarcaciones tradicionales, pesqueras o de recreo al trabajo vinculado al mar como el marisqueo y continuando por el que lo sucede en tierra, con visita a las conserveras, lonjas o la degustación gastronómica del producto final.

Turismo astronómico

Bajo la aspiración de que el Parque obtenga la certificación Starlight, corrió a cargo del profesor Salvador Bará, de la Universidad de Santiago de Compostela, alrededor de la contaminación lumínica y el despilfarro de energía por mal uso del alumbrado público, poniendo ejemplos de la gran visibilidad nocturna que hemos perdido en los últimos años en España, extinguiéndose también por tanto las zonas “puras” donde observar con claridad el cielo tal y como es, como el rural. Puso de ejemplo la Ley del Cielo aplicada en la Isla de la Palma, y protectores de madera usados ya en turismo rural para dirigir la iluminación al suelo y respetar la visibilidad nocturna, valor añadido de las casas rurales. Planteó la necesidad de devolver a nuestro paisaje habitual y a nuestra experiencia una parte de la naturaleza que damos por perdida, las estrellas, cuya contemplación ha servido de guía y fuente de conocimiento desde la Antigüedad y aún hoy en día, como principal fuente de información para la Astrofísica. Su pasión por la observación del cielo nocturno la transmitió a los asistentes: “cuando nos tocamos la cara tocamos átomos que nacieron probablemente en el corazón de una estrella, y cuando miramos al cielo y observamos las estrellas, la luz que recibe nuestro ojo nos está poniendo en contacto con el Pasado”.

El turismo ornitológico o birding, con la interesante ponencia del divulgador Antonio Sandoval, que abordamos en otro post.

La puesta en común tras las jornadas tuvo una idea clave: el turismo sostenible es ante todo cuestión de actitud y ética, de factor humano y compromiso verificable a largo plazo. Ni los certificados ni marcas ni sellos bastan, sino la exigencia y la apuesta real por un turismo responsable con las personas y el medio. La pauta es la exigencia y el consenso de unos mínimos sostenibles entre empresasrios y clientes. En conclusión: “la fuerza no puede proceder solo de la unión, sino de la conciencia”.

La historia oculta del paisaje

El paleontólogo Juan Luis Arsuaga ha dicho varias veces algo fascinante: “Cuando alguien me pregunta cómo era la Prehistoria, siempre digo lo mismo: vete a un monte o a un bosque. Eso es la prehistoria. No verás bisontes, pero quizá veas un corzo u otros animales salvajes. Hay rocas, hay ríos, etc. Vive en ese medio. Eso es la prehistoria. De hecho, has vuelto a la prehistoria”. El único laboratorio donde los viajes en el tiempo son posibles es la naturaleza. Porque, más allá de las épocas, siempre es la misma, y lo único que cambia es nuestra forma de verla o interpretarla. Basta con volver a vivirla bajo la perspectiva y condiciones de otras épocas para que estas vuelvan a realizarse y sintamos lo que sentían, porque la naturaleza despertará igual en nosotros, que también somos los mismos. Renunciando, por ejemplo, a los avances del último siglo, como la electricidad. Entonces, como por arte de magia, el planeta vuelve a ser tan grande y misterioso como hace miles de años. Las montañas están donde estaban y los lugares que ocupamos, para los que no ha pasado el tiempo, son los mismos que ocuparon los primeros pobladores. Por eso el progreso no está escrito.

Ese poder de la naturaleza, que vive en contemporaneidad a todas las épocas, no es fácil de apreciar, pues vemos su paisaje como la fachada o punta del iceberg que es. Y aún peor las nuevas generaciones, que ven en ella un paisaje tan desechable como el mundo material que las rodea. No la miran como una catedral porque no perciben su valor patrimonial, labrado a lo largo de miles de años. Nadie les ha enseñado que la naturaleza está bebiendo del universo hasta que se tapia o mutila irreversiblemente. O que es un error asociarla al pasado, ya que a diferencia de nuestro mundo sintético o del espacio exterior, es en ella donde el universo evoluciona y prospera en directo como en ningún lugar, estrenándose en cada nueva vida. La “pureza” natural no es un legado virgen de las raíces o del origen, sino la frescura de esa constante actualización.

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El ecoturismo y el turismo rural pueden presumir de ser un puente entre el pasado y el presente, entre lo mejor del progreso y de la naturaleza, experimentando de camino las distintas formas de estar en el mundo que el hombre ha conocido, meta de los intérpretes de naturaleza. El pasado en el presente es posible leyendo entre líneas las distintas experiencias que ha despertado un paisaje y puede despertar, desplegando todas sus posibilidades y riqueza singular. Por ejemplo, uno de nuestros asociados, La Mallada, describe su paisaje desde la mirada medieval de los reyes de León, que recoge Pascual Mádoz en 1849: “Está situado en un estribo de los montes Aquilianos, formando una especie de anfiteatro rodeado de colinas desde el cual se domina toda la amena llanura de El Bierzo (…). Los reyes de León lo habían elegido para morada de recreo en los meses de estío por su frescura, bello paisaje y sus hermosas vistas”.

Recuperar los símbolos icónicos de nuestro patrimonio rural

Así como Estados Unidos siempre ha sabido seducir y sacar partido o despertar atracción por sus paisajes, reiventando su iconografía joven y mitómana de los desiertos, largas carreteras (ruta 66) o el medio rural (country), a través de la moda, el cine o el inagotable Far West, así como Italia tiene su Toscana o Francia su Provenza, ¿qué tiene España? ¿Dónde está el atractivo estético e icónico de nuestro rural? Estigmatizado por su atraso secular, en tópicos rancios y folkloristas por el franquismo, parece avergonzarnos o ser todavía incapaces de librarlo de esa losa de complejos históricos, en una demostración de falsa modernidad. Como si el campo en España fuese siempre antiguo. ¿Está reñida la juventud con el campo? No es solo cuestión de oportunidades, sino de imagen. ¿Puede haber, como en esos países, estilo, atractivo y hasta lujo en las llanuras castellanas, extremeñas y andaluzas? ¿O su pasado lo impide? Solo hacen falta nuevos ojos, relatos o valores con las que asociarlas y rejuvenecerlas, más allá del inmovilismo tradicional. De nada vale toda la historia que tienen si se atesora bajo el polvo, a ritmo de arado o procesión, con la triste desolación del Quijote, sin el impulso de un imaginario joven, de nuevos personajes que llenen de vida y atractivo esos paisajes. Puede que la clave esté en visibilizar más el carácter salvaje, natural o “libre” de estos ecosistemas, donde todo puede pasar, por encima del tradicionalismo cultural que limita sus usos y posibilidades bajo esa apariencia de antigüedad, a la que por cierto son ajenos.

Uno de nuestros paisajes más dignos de promoción es la dehesa, icono ibérico. Tiene reminiscencias de sabana africana, pero es más arbolada. La semana pasada estuve en Fregenal de la Sierra, uno de los últimos pueblos de Extremadura en las estribaciones de Sierra Morena, lindando con Andalucía. Fregenal recuerda a una de esas míticas y blancas ciudades medievales de antiguo abolengo y esplendor. Por su tamaño, por su blancor, por sus blasones, sus casas solariegas y su castillo, que conserva una plaza de toros del siglo XVIII que por las noches debe parecer fantasma. ¿Qué pueblos del lejano oeste tienen eso? Más allá del lugar y de sus atractivos, entre los que sobresale la gastronomía (el revuelto de gurumelos o el jamón ibérico), lo que enamora son sus dehesas, sobre las que despuntan, coronando colinas, blancos pueblos a lo lejos. La comarca forma parte de la Ruta del Jamón ibérico, la más sabrosa y encantadora de este importante territorio ganadero. Algo más al sur, en el corazón de las dehesas, ya en Huelva, hay que hospedarse en la Finca Montefrío, paraíso de agroturismo sostenible y ecológico.

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La dehesa es nuestra pampa, por su extensión, por sus “ranchos” y por sus reses, es la armonía entre el hombre y la naturaleza hecha paisaje a lo largo de siglos, un modelo de ecosistema sostenible genuino de la cultura mediterránea y penínsular. El idílico bosque de los mitos clásicos, real y viviente. Al recorrerla desde la carretera o por sus caminos, llama la atención su color y su luz, una luz verde oliva, oscura y plateada, que tamizan las hojas de las encinas o alcornoques y que oscurece los prados, salpicados de blanco por las jaras, de malva por el brezo, el cantueso o lavanda, de rojo por las amapolas y de amarillo por la retama. ¿Cuánta fauna, cuántas aves, conviven en la dehesa? ¿Y cuánta Historia e historias ha visto para hacerlas hablar y sacarles partido? Estados Unidos ha rentabilizado su corta historia desde el punto de vista de la imagen mucho más que ningún otro país. Hay madera de paisaje icónico en nuestro rural. Renovar su imagen y sus valores, su atractivo neorrural y su promoción, es también hacer patria. Y marca España.

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El viaje como terapia de evasión

Hay viajes cortos tras los que al volver parece que hubiesen pasado años. Pasan tantas cosas en tan poco tiempo, nuevas y distintas a lo cotidiano, que naces ante cada una y el tiempo se ralentiza para procesarlas, almacenando al final del día más historia de vida de lo que ordinariamente cunde una jornada. Por eso no hace falta irse muy lejos para hacer un gran viaje, ni haber estado en 50 países, porque el viaje tiene más que ver con la experiencia que con la distancia, y con el tiempo que con el espacio… Si el viaje es en solitario esta sensación crece, porque los vínculos personales pueden distraer o arrastrar la rutina de la que quieres evadirte o reinventarte. Eres tú y la carretera. Nada más. Por delante un sinfín de situaciones, escenarios y personas nuevas que pasan por ti de forma pasajera y fugaz, dejándote cada una algo nuevo e irrepetible. Puedes probar de cada una según aporte a tu camino, con tal sobredosis de libertad como si tu viaje fuese una vida que no acaba hasta que tú elijes y has probado todo lo que el mundo ofrece. Parece que al viajar fuésemos nómadas, porque ellos no ven pasar la vida, más bien la vida pasa por ellos. Lo transitorio y errante de sus viajes les acerca al mito, porque todo lo efímero es irrecuperable y su vida es una evocación constante.

Cuando al cabo de un rato de viaje te libras al fin de la rutina, entras en tierra de nadie, donde puede pasar cualquier cosa. Me paro en un bar de carretera, y aunque lo más lógico es ocupar la pequeña mesa de dos sillas, me siento en una de cuatro o de seis. Porque rodearme de sillas vacías me hace sentir menos solo que sentarme sólo ante una. Porque una silla vacía es más triste que cinco. La otra opción es acodarme en la barra a charlar. El viaje solitario no aísla, enriquece porque busca la reinvención personal entre otros contextos y vidas. Está claro que no hace falta coger el avión. En la naturaleza, sin ir más lejos, hay realidades tan ajenas a nuestra rutina que bastan pocos kilómetros para que el viaje de evasión surta efecto. ¿Qué efecto? La independencia de esa burbuja social o laboral que domina nuestro día a día y domestica el instinto nómada al que aún tenemos derecho.

El viaje como terapia de evasión

El mapa como estrategia de promoción del ecoturismo

Nuestra visión del mundo, a diferencia de la que duró hasta la generación de nuestros abuelos, no es fruto de la experiencia local o del relato oral, sino de otro relato, el global: imágenes vía satélite y tecnología punta. No vemos el mundo como es, sino el que el modo de vida que proyectan las pantallas (móviles, ordenadores, TV), nos muestra. El 90% no se ve. Además de sesgada, es una visión más fría y técnica que animal o sentida: inmediata, virtual y exacta. ¿Cómo ese mundo no va a diferir del que la naturaleza nos predispuso a sentir? Hemos adquirido una visión GPS. Cuando viajamos, no vivimos el territorio atendiendo a los ecosistemas que lo forman y nos dejan existir, sino a las redes viales, señales de tráfico, áreas de servicio, vallas publicitarias, centros comerciales, o sea, al tejido inerte, a toda esa broza de plástico, asfalto y metal de la que hemos rodeado nuestra vida, mirando con distancia el paisaje que nos es más propio, como alienígenas.

Hemos interiorizado tanto los mapas políticos y de carreteras que ya no nos movemos por el físico. El mundo GPS es una mezcla heterogénea abarrotada de información, carreteras, fronteras, ciudades, fábricas, etc., nada vivo. ¿Y cómo valorar lo que no vemos? Si a la sociedad le cuesta concienciarse por la naturaleza es porque su mundo mediático es una máscara artificial. Por eso es importante la mirada sostenible que sabe filtrar lo orgánico de lo sintético. Y por eso los proyectos sostenibles pierden su autenticidad al representarse también en el mapa artificial. Pertenecen al otro lado, a la zona invisible, al ecosistema. Es el mapa físico el que mejor expresa el otro mundo al que nos invitan, y en él deben promocionarse. Sólo saliendo de esa telaraña de red vial y mediática que enmascara el paisaje, puede conocerse un lugar, a pie, sumergiéndose en el relieve que lo enriquece. Esa experiencia pedestre del territorio la ilustran los mapas físicos.

Mapas físicos como las cartas náuticas, cuya leyenda formaban el poniente y levante del sol, los vientos, los cabos y restingas, las montañas y accidentes del relieve que servían de guía visual, los bosques y fuentes de agua dulce que daban riqueza a un puerto. En esas cartas destacan los elementos naturales que condicionaban la vida y la actividad humana, exagerando la altura de un monte o la anchura de una bahía en proporción a su valor. Esos protagonistas del mundo antiguo siguen entre nosotros, olvidados, y esa cultura natural que daba nombre a los vientos ha desaparecido pero es con la que el ecoturismo y turismo sostenible tienen más que ver, y la que deben recuperar si buscan la experiencia natural del paisaje. Ninguna actividad está más ligada al territorio, así que la imagen que proyecten de sí mismos debe enraizarse en él. Claro que no podemos prescindir de las carreteras para que nos localicen, pero el Dónde estamos no puede limitarse a señalizar la A6, sino el ecosistema único que nos define, donde el viajero quiere perderse e integrarse.

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Uno de los alicientes de viajar es perderse, evadirse de lo cotidiano y reinventarse en otra cultura u otra vida. Desaparecer del mundo global (que exhibe) para volver al local (que esconde). Por eso la promoción de la naturaleza debe hacerse desde su idioma, la cultura paisajística o biocultura cartográfica de los viejos mapas físicos, hechos con pulso viajero. El mundo es otro si se mide en brazas o si interactuamos con él no solo por la vista sino por otros sentidos y estímulos, pero ese no lo captan las fotos ni las pantallas. Nuestra capacidad de percepción ambiental se ha atrofiado tanto que nada como un mapa hecho a mano para interpretar el mundo como se vive y siente a escala humana.

Del turismo rural al progreso sostenible

El ecologismo ha arrastrado siempre el sambenito de idealista o utópico, percibiéndose como un movimiento juvenil o romántico defensor del Tití león dorado o los indios kawahivas… Contra él se esgrimió siempre el “progreso”. Todos los que por defender la naturaleza se oponían a los grandes intereses o avances se oponían al progreso. En aras del progreso se perpetraron las mayores atrocidades naturales o patrimoniales, y no podías más que resignarte ante la apisonadora opinión pública, que tildaba de ilusos a los que cuestionaban ese modelo de desarrollo. Hasta que empezaron a verle las orejas al lobo con las renovables, no había quien tosiera al progreso.

¿Pero qué progreso? ¿Humano o material? A nivel material, el primer mundo podía darse por satisfecho en los 90. ¿Puede progresarse indefinidamente? ¿Hacia dónde? ¿Qué es progreso? ¿El material y tecnológico o el moral y social? ¿Progreso humano o técnico? ¿Progresan la vida o los aparatos? ¿Las ideas y los valores o los intereses? Progreso era todo lo que innovase para satisfacer nuestras necesidades, pero cubiertas unas, aparecían otras. Esa idea de progreso no había sido acuñada en aras del bien común, sino por intereses espurios. Todos están de acuerdo en que la tecnología es un medio y no un fin, pero lo dicen rodeados de tecnología. El reto es el consumismo, la generación de residuos y la dependencia tecnológica.

El movimiento ecológico empezó a calar en los 90 por cosas como la lluvia ácida o el efecto invernadero, pero a pequeña escala. Lo máximo que logró fue hacernos reciclar, una tirita con la que muchos callaron su conciencia. Finalmente, el “calentamiento global” entró en escena. Pese a ello, la inercia del progreso voraz aún hacía que la ecología siguiese tachándose de religión, porque: ¿cómo echar freno a un mundo a velocidad-luz? Ya era tarde, y de perdidos al río. Este es uno de los grandes frenos a la implicación ambiental de la sociedad. Nuestro estilo de vida parece a años luz del ideal ecológico. Nos habían persuadido además de una única idea de futuro o progreso, tecnológico y urbano. Cualquier proyecto verde implicaba un atraso.

Del turismo rural al progreso sostenible

Hasta que aparecieron el progreso sostenible y las energías renovables. ¿Progresar ecológicamente? Solo aceptando que rectificar es de sabios y no implica retroceder, sino recuperar. La nueva idea venía de arriba y obligaba a los grandes poderes, que empezaron a pasar por el aro y a presumir de sostenibles y eficientes. ¿La razón? Ya no eran el Tití león dorado o los indios kawahivas, sino los recursos, que se agotaban. Así lo recogía el informe “Los límites del crecimiento” y las Naciones Unidas, que definieron el desarrollo sostenible como aquél capaz de satisfacer las necesidades de la generación presente sin comprometer las de las generaciones futuras. Esta idea de progreso sí estaba consensuada internacionalmente.

Entre los frentes desde los que el progreso sostenible se abre paso, uno de los de más impacto es el turismo, por la huella ecológica que genera. Buena forma de poner en valor el territorio es viajando, y en la naturaleza eso lo hace el turismo rural, que como insistimos desde este blog, no implica atraso ni pasado, sino una oportunidad de redefinir el hábitat natural y nuestro ideal de progreso y futuro.

Los famosos y el turismo rural

Uno de los ejemplos más frustrantes y reveladores de nuestra cultura de la imagen y el consumo es el de esos espacios que los medios consagran en vacaciones (ya sea por rellenar la sequía informativa o por sobredosis de glamour), a la Galería de famosos de vacaciones. Ese escaparate de maniquís ahormados por la fama o el poder, derrochando culto al cuerpo y dinero por frágiles paraísos naturales, desde las idílicas playas de la Costa Azul a las de Ibiza o Italia, o desde sus islas privadas del Caribe a las del Pacífico, entre grandes yates y lujo, urbanizando irreversiblemente reductos vírgenes del planeta o alterando ostentosamente un paisaje universal para convertirlo en decorado de papel couché. No se responsabiliza a los famosos de hacer lo que su sociedad alimenta, ni se pide que comulguen con una sensibilidad singular o ejemplaricen en sostenibilidad, pero poner su insostenbilidad como modelo en el expositor, escuece.

Esas galerías frivolizan o desdeñan el valor de paraísos reducidos a poco menos que photocalls por unos iconos sociales que roban el protagonismo que de hecho tiene el fondo, poniendo cara y dando cancha a nuestro consumismo, gozando de lugares privilegiados que esa imagen y estilo de vida extingue en otros lugares, y sonriendo tan impunes como ajenos al estrépito de su huella ecológica.

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Cada uno es libre de gastar su dinero en lo que quiera y como quiera; por ello es de agradecer la promoción del turismo sostenible que hacen sin quererlo algunos famosos… Cuando hace unos años los vecinos de una aislada aldea gallega se cruzaron en pleno verano con Pau Gasol, se corrió la voz y se habló de ella más que nunca. ¿Practican también las estrellas turismo rural? Sólo las que saben que la calidad no implica despilfarro. Si sólo un puñado de famosos, reconocidos por sus valores y discreción, eligiesen practicar un turismo más sostenible, otro gallo cantaría, también para la Marca España. Por el momento, sólo los políticos lo aparentan hacer, como Aznar en Menorca, Zapatero en Asturias o Rajoy en Galicia, que suelen elegir casas rurales como evasión del ruedo político. Lo que tampoco ayuda mucho…

El turismo sostenible y su papel hacia la conciencia política del rural

Tal y como denunciamos hace unos días, el abismo entre las medidas políticas (tan oficiosas como ineficaces) y las necesidades reales del turismo rural, da como resultado flamantes despropósitos como el de las estrellas verdes. Confirma la criticada distancia política de la calle (y más del camino), y la gran despolitización de la sociedad, que en el rural es más evidente y sangrante dado lo fácil del encuentro público, del sentido comunitario y la implicación ciudadana, para acabar cediendo el poder a partidos  agarrotados por una ideología nacional y disciplina de partido alejada de su realidad.

¿Cómo evitarlo? Politizando el rural, ruralizando la política: con iniciativas que formen e involucren a la población en sus asuntos y la hagan partícipe del rumbo y mentalidad municipal. Si el rural no se mueve nadie lo hará por él; si no tiene voz ni conciencia política, dependerá siempre de otras; y si no interpreta ni representa a su propio medio, lo urbanizará. La ventaja rural es su esencia política (polis), el debate en el ágora que la ciudad mató. ¿Y ha rendido esa libertad a la enquistada o corrupta maquinaria urbana? Es probable que el éxodo rural haya resignado en el conformismo a muchos pueblos, pero quienes emprenden hoy de modo sostenible, no pueden hacerlo.

Si el turismo sostenible dinamiza la economía, también la política. Muchos dirán: “mejor no meterse en política”, pero participar en el debate no es partidizarse ni meterse en política, o lo es en el buen sentido: defender el interés común, no aislarse en el negocio. Los pueblos incapaces de valorar sus recursos o la noción de sostenibilidad, votan en consecuencia, y un proyecto sostenible tiene al menos un compromiso ante eso. La difusión de los Derechos ambientales o la Sostenibilidad, no sólo a nivel local sino entre gestores turísticos a nivel regional, hace la unidad y fuerza del sector ante la política. No puede esperarse mucho de las instancias superiores y sus campañas institucionales. Sensibiliza más una charla o el ejemplo e impacto en innovación sostenible y buenas prácticas de una casa rural, que toda la tinta gastada en política sostenible.

El turismo sostenible y su papel hacia la conciencia política del rural

El ejemplo de Bienvenida, capital rural de España ante Europa

El activismo rural puede encontrarse en pueblos que optan por el asociacionismo o la política independiente. Es el caso de un bonito pueblo extremeño, pequeño en habitantes (unos 2.300), pero grande en dinamismo y muy vivo: Bienvenida, que hace honor a su nombre como capital rural de España ante Europa. El partido independiente que la gobierna desde 2007 ha disparado el asociacionismo local y el fomento de actividades tan tradicionales como modernas. Tres fueron los pasos del éxito: incentivar la implicación ciudadana apoyando económicamente proyectos de las asociaciones que mejor dinamizasen la cultura y economía del pueblo; coordinar su labor con un calendario anual y un registro municipal; y cederles locales públicos de modo ordenado, fomentando la cooperación.

Sólo un año después empezó a representar a España en la Carta Europea de las Comunidades Rurales, proyecto impulsado por la Comisión Europea en 1989, que bajo el lema People meet people fomenta la conciencia ciudadana de Europa y el hermanamiento entre comunidades rurales a través de viajes e intercambios. El Ayuntamiento de Bienvenida, premiado con la Estrella de Oro de la ciudadanía europea activa, no tardó en ceder a una asociación local (Asociación Amigos de Europa en Tentudía) la gestión de la carta, para despolitizarla y acercarla a los vecinos, hito que marcó un antes y un después en la comunidad, enriquecida de un cosmopolitismo insólito: muchos vecinos han salido de España por primera vez en su vida y conocido otros países y zonas rurales; otros, los más jóvenes, practican su inglés y exploran oportunidades laborales.

La “euromanía” caló tanto en el pueblo que celebran el Día de Europa por todo lo alto, con concursos y eventos varios, además de incrementar los cursos de idiomas. El pueblo ha acogido a delegaciones de Francia, Italia o Reino Unido en encuentros sociales, gastronómicos y culturales, hospedando a los delegados en las propias casas de los vecinos, algunos de los cuales no hablan inglés pero mantienen desde entonces vínculos europeos. Y es que el lema no oficial de esta Carta europea es The kitchen table spirit (el “espíritu de la mesa de cocina” o de sobremesa), un espíritu de encuentro y convivencia que preserva el rural mejor que nada, del que este pueblo ha hecho honor en representación de España, y que el turismo que defendemos persigue.

De las estrellas verdes al supuesto turismo sostenible en el medio rural

La semana pasada tuvimos la oportunidad de participar en una jornada en Burgos bajo el título “Turismo y sostenibilidad energética, una apuesta diferente”, organizada por Sodebur (Sociedad para el Desarrollo de la provincia de Burgos) y Agenbur (Agencia Provincial de la Energía de Burgos). El encuentro sirvió para reforzar el mensaje ligado al modelo de gestión que representa el proyecto Ceres Ecotur, ya que no sólo participé yo como ponente, sino que hubo representación de hasta cuatro iniciativas certificadas que expusieron su filosofía de trabajo: Kaaño Etxea (Navarra), La Valleja (Asturias), El Molino del Canto (Castilla y León) y Los Jerónimos (Castilla y León).

Más allá de eso, la cita me sirvió para constatar que existe una creciente brecha dentro del turismo rural en España entre la parte institucional y política, los que toman las decisiones, con respecto a la realidad del sector, con el día a día de los gestores establecimientos y empresas. Y eso confluye en una brecha aún mayor entre lo que unos y otros entienden que hay que ofrecer al turista rural, nacional o extranjero. En primer lugar y conviene remarcarlo, porque sucede en muchas ocasiones y supone una auténtica falta de respeto, algunos de los representantes institucionales que abrieron el acto y atendieron a la prensa en la previa, se marcharon al terminar sus alocuciones, sin quedarse a escuchar el contenido completo de la jornada.

Como mínimo, lo justo es quedarte, escuchar, opinar en el debate y rebatir lo que sea necesario. Porque, de hecho, debate hubo y mucho. La reciente puesta de largo del Plan Integral de Turismo Rural 2014, por parte del ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, justo el día anterior, estuvo muy presente. Y no sólo eso, también la armonización de la normativa del turismo rural en cinco categorías de ‘estrellas verdes’. Ambas cuestiones que los representantes institucionales se encargaron de ensalzar y valorar antes de marcharse, pero que luego en el transcurso de la jornada, habida cuenta de algunas de las ponencias y de la práctica totalidad de los turnos de palabra que se escucharon por parte de representantes del sector presente como público, parecen no ir tan en sintonía con las necesidades del día a día de los profesionales implicados.

No se trata de tirar piedras contra el propio tejado, ni de criticar por criticar el Plan Integral al completo, pero como primer análisis basta apreciar que hay un error de base. Si las ‘estrellas verdes’ “constituyen el punto de partida fundamental sobre la oferta, perfilándose como un elemento imprescindible para el éxito de las actuaciones de promoción y comercialización”, entonces podemos tener un problema. No es hablar por hablar, basta con estudiar el Decreto por el que se regulan los establecimientos de alojamiento de turismo rural en la Comunidad de Castilla y León, en base a esta categorización. Una hojeada es suficiente para darte cuenta que los criterios en la práctica totalidad de los casos siguen una lógica hotelera absurda y que priorizan un perfil que nada tiene que ver con las pequeñas empresas familiares que gestionan la gran mayoría de alojamientos rurales de este país.

DESCARGA EL DECRETO DE REGULACIÓN DE ESTABLECIMIENTOS DE ALOJAMIENTO DE TURISMO RURAL EN CASTILLA Y LEÓN

Se trata, más bien, de un debate existencial, que ya no sólo debería implicar a la parte política o a la oferta, sino también a la demanda. ¿Cuándo practicamos turismo rural valoramos con la máxima puntuación posible en una escala de satisfacción que haya un perchero y un espejo en nuestra habitación? ¿Un taburete y un espejo de aumento en el baño? ¿Un garaje o parking interior en el alojamiento tipo chalet exclusivo? Las respuestas me suenan tan absurdas que mejor dejémoslo estar… en cualquier caso, poco o nada se tiene en cuenta a la ruralidad, las características que deben ir implícitas a los modos de vida y costumbres del medio rural. Algo que, por tanto, debería ser parte irrenunciable de cualquier propuesta turística en el medio rural y que yo al menos, como parte también de la demanda, valoro por encima de todo a la hora de practicar turismo rural.

plan integral de turismo rural

Turismo sostenible en el medio rural

En el apartado del decreto correspondiente al Medioambiente y sostenibilidad, las únicas variables que se tienen en cuenta van ligadas con la eficiencia energética y la selección y tratamiento de residuos. Algo que va muy en consonancia, en cierto modo, con algunos de los resultados del informe del Ecoturismo en el turismo rural, dados a conocer la semana pasada por parte del Observatorio del Turismo Rural. En concreto, más del 90% de los encuestados afirma que su establecimiento rural responde a los principios del turismo sostenible. A la pregunta de por qué trabajan bajo estos principios, 1 de cada 3 respondió que aplican medidas de eficiencia energética como razón y 1 de cada 2, el 80% del total sumando una y otra opción, porque transmiten valores de cuidado del entorno a sus clientes.

El tema no es casual. Los indicadores que se tienen en cuenta para hablar de sostenibilidad en la categorización de estrellas verdes son una demostración de lo sesgado y desvariado que está el debate sobre lo que debe representar el turismo sostenible y el ecoturismo en el medio rural. El turismo sostenible implica un modelo de gestión transversal, no una especialización o un valor añadido puntual. Conlleva la búsqueda de un equilibrio medioambiental, sociocultural y económico con el destino, por lo que reducir el concepto de sostenibilidad a la eficiencia energética por poner un ejemplo resulta ridículo. Y lo es aún más que un propietario afirme tan a la ligera que promueve turismo sostenible por esa cuestión, volviendo al tantas veces repetido karma que arrastra el turismo rural. El hecho de que al desarrollarse en un entorno natural o rural, se le relacione con la práctica per se de turismo sostenible, cuando es necesario aplicar el mismo rasero que a cualquier otro segmento turístico.

En el propio Plan Integral de Turismo Rural se destaca el fomento del producto Ecoturismo en la Red de Parques Nacionales, así como el programa de formación para empresas sobre Ecoturismo Sostenible como líneas de trabajo estratégicas.  Relacionar la práctica de ecoturismo con espacios naturales protegidos puede llegar a tergiversar un concepto en donde la naturaleza y práctica de actividades medioambientalmente responsables son parte indisociable. Como también lo deben ser la puesta en valor de manifestaciones culturales, etnográficas o sociales de esos espacios y otras áreas naturales o rurales de influencia, que no tienen por qué tener una figura de protección. Todo ello atendiendo a un equilibrio económico, de manera que se genere riqueza directa e indirectamente para las comunidades locales, que además deben tener un rol activo y protagonista en el desarrollo del turismo en ese contexto. Si todo esto se va a tener en cuenta en la conceptualización del producto ecoturismo, bienvenido sea… aunque mucho me temo que los tiros no van por ahí.